Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




1 de octubre de 2014

Lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro



(Entrevista a Fecundo Manes)
 
En los últimos 80 años se ha conocido más acerca del funcionamiento del cerebro, que en el resto de la historia de la Humanidad, y aún falta mucho para entender de su dinámica y combatir las enfermedades mentales que de manera alarmante viene creciendo en el mundo.

Facundo Manes es uno es los neurólogos y neurocientíficos más importantes de Argentina, quien decidió compartir sus conocimientos de la neurociencia no sólo con sus colegas, también con toda la gente, en 'Usar el cerebro', como una forma de dar a conocer lo que se sabe de la mente humana, para una mejor calidad de vida.

Manes estuvo en Colombia para dar a conocer esta obra, como una forma para que las personas entiendan que si bien existen enfermedades mentales incurables, estas se pueden prevenir.

POCO CONOCEMOS

- ¿Le damos la importancia que merece el cerebro?

Somos cerebros con patas y en ocasiones nos olvidamos de ello. Toda nuestra actividad está desarrollada por el cerebro, desde respirar, hasta resolver los problemas filosóficos más complejos. Por eso el impacto de la neurociencia que se ha tenido a nivel masivo en los últimos años, porque todo lo que encontremos en ella, impactará en las ciencias, la economía, la filosofía, el derecho, la política y todas las esferas de la sociedad.

Por todo esto es muy bueno que todos los descubrimientos, que todo lo que sabemos y no sabemos, no quede reservado sólo para los científicos, que también sean debatidos por la sociedad.

- ¿Qué tan difícil es socializar este tipo de temas?

Es un desafío pero también es una obligación poder difundir este tipo de conocimiento para que pueda ser debatido por todos y no sólo por un grupo de científicos, porque la neurociencia debe tender puentes con la educación, porque no existe un acto educativo si no se conectan dos cerebros o más. Es la relación entre el docente y el alumno, y si el maestro sabe bien cómo el alumno prioriza, memoriza, olvida y toma decisiones, además de saber que el mensaje también se transmite por medio de la respiración y la motivación que él le da, el mensaje llegará de la mejor manera. Es el mejor ejemplo de la importancia de la neurociencia en la cotidianidad.

- ¿Cómo es la relación de la neurociencia con las otras disciplinas?

No es que la neurociencia llegue a enseñarle a estas otras disciplinas, lo que deben hacer es trabajar en conjunto. El cerebro creó la ciencia que no se permite la ambigüedad, por eso muchas de las preguntas que la ciencia no puede responder, las responde el arte y la literatura, que si se permiten la ambigüedad. Lo interesante es que el arte y la literatura también fueron creadas por el cerebro.

- ¿Por qué el fenómeno de las neurociencias?

Las neurociencias intenta responder las preguntas que siempre la civilización occidental se ha planteado, como el libre albedrío, la inteligencia, la memoria, lo cual por siglos estuvo reservado a líderes políticos y religiosos o científicos aislados. Hoy en día, los avances son sorprendentes, lo que ha permitido que en los últimos 80 años se lograra más conocer más del cerebro, que lo logrado en toda la historia de la Humanidad.

- ¿Y el conocimiento colectivo?

Hoy el conocimiento se genera de manera colectiva y no de forma individual con épocas como la de Albert Einstein. Si somos tres y cada uno tiene un coeficiente de 110, sería una suma de 330, pero si se logra trabajar bien, el coeficiente superará los 330, en todo tipo de ciencias.

REALES MEDICIONES

- ¿En realidad se puede medir la inteligencia?

Por partes y algunas partes. En realidad no tenemos un método para medir la complejidad de la inteligencia, cómo medir la inteligencia en el humor, la ironía, la inteligencia social o la inteligencia emocional.

- ¿La gente sí se preocupa por la salud de su cerebro?

Deberían, porque hoy estamos hablando de la epidemia llamada Alzheimer, la cual se da porque hoy por hoy tenemos una mayor expectativa de vida, y el cerebro no llega tan bien a esas edades como el cuerpo. Para nadie es un secreto que entre mayor edad mayor riesgo de Alzheimer.

No hay cura y el costo es enorme, siendo un problema social, médico y económico, por lo que debemos tomar medidas para disminuir este riesgo.

- ¿Cuáles son esas medidas?

Todo lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro. Mantener el azúcar en sangre en niveles normales, cuidar el colesterol, no tener sobrepeso, cuidar la tensión arterial, todo eso le hace bien.

Además de esto, también le hace bien el ejercicio físico, produce nuevas conexiones neuronales, es un buen antidepresivo, así que es clave para el cerebro.

También es buena la sociabilidad, porque las personas solas se mueren antes, y poder estimularlo con cosas que nos cueste, no sólo lo que debemos hacer, o lo que nos gusta, cosas que no sabemos, como un idioma que no conocemos, lo que hace que el cerebro se estimule como desafío intelectual. Todo esto junto al evitar el estrés y dormir bien, porque dormir bien es salud.

- ¿Qué le genera el estrés al cerebro?

El estrés crónico produce ansiedad, produce depresión y llega a desgastar de manera irreparable una zona del cerebro donde precisamente se encuentra la memoria, así que puede hacer que el Alzhéimer pueda aparecer.

- ¿Siempre activo?

El cerebro nunca descansa. Incluso cuando estamos tirados en un sofá o entre dormidos, el cerebro trabaja de una manera tan ordenada como una orquesta sinfónica, incluso con un director de orquesta, con una red neuronal que se llama red en reposo.

- ¿Incluso cuando dormimos?

Aún no sabemos todo lo que hace el sueño de bien para el cuerpo y el cerebro. Se sabe que si no duermes en un prologado tiempo mueres, y sabemos que es durante el sueño que se consolida la memoria, así como modular la respuesta inmune y la respuesta hormonal, pero tenemos mucho por investigar.

El cerebro nunca debe jubilarse de lo que le gusta, debe hacerlo de lo que no le gusta. Las personas que tienen una actividad intelectual y se jubilan y casi se olvidan de ello, tienen un deterioro cognitivo. Hasta el último día de la vida hay que estar retando al cerebro a la solución de problemas, con lo que le apasiona.

- ¿Las adicciones?

El cerebro es secuestrado por nuestras adicciones. En el cerebro tenemos un sistema de recompensas, que se activa cuando le suministras la droga que desea, sea la heroína, o el trabajo, una pizza, cigarrillo o el Internet.

- ¿El ocio vital?

Por eso hay que volver al ocio, al buen descanso, a los momentos de relajación, respetar esos momentos, no podemos estar activos todo el día, el cerebro tiene un límite. De hecho esa intensa multitarea a la cual nos sometemos, afecta el desarrollo y rendimiento cognitivo, además de generar estrés. Por eso es bueno concentrarse en una cosa a la vez. Así, logramos rendir más cuando nos conectamos.

- ¿La tecnología es buena para el cerebro?

El cerebro humano termina de desarrollarse a los 20 años, así que aún no tenemos claros estudios entorno al impacto de la tecnología en los niños, pero por algo los hijos de Steve Jobs no usaban este tipo de tecnología de niños.

Lo que si hemos encontrado es que tanto niños como adultos que han tenido tendencias compulsivas, este tipo de tecnología se ha convertido en un detonante para todo se vuelva un caos. Por eso, hay que tener un uso moderado.

- ¿Y la salud mental?

La salud mental genera más discapacidad que el cáncer o los problemas cardiacos, por lo que se requiere mucha más investigación, porque es difícil el diagnóstico y el desarrollo de estos pacientes.



29 de septiembre de 2014

Educación y Neurociencia




Una gran carrera por el cerebro ha comenzado. La Unión Europea, Japón, China han anunciado programas para comprender como funciona el cerebro y aplicar ese conocimiento para mejorar las computadoras y para mejorar nuestra relación con ellas. Google también está trabajando para crear cerebros artificiales a fin de que se conviertan en su asistente personal de inteligencia artificial.

En esta carrera global, los estudios nos señalan, igualmente, la necesidad de hacer que la potencia de la computadora esté al alcance de las masas como los adelantos de la computadora Watson de IBM y la computación en la nueva de Amazón y otros.

Ahora, ¿qué esperan estas potencias en las próximas décadas? Que para el 2017, alrededor del 85% de la población del mundo esté cubierta por internet móvil de alta velocidad. China ya tiene casi el doble de usuarios de internet, lo que equivale a toda la población de  Estados Unidos… el 81% de sus usuarios de internet accede a través de los teléfonos móviles. 

En esta carrera tecnológica más de 8.000 millones de dispositivos están conectados a la “internet de las cosas”, lo cual se espera crezca de 40.000 a 80.000 millones de dispositivos para el año 2020. 

Según estudios (Unión Internacional de las Telecomunicaciones – U.I.T.), casi el 40% de la humanidad utiliza internet. Y atención a  esto, el sistema nervioso  global de la humanidad está a punto de terminarse, logrando hacer un cerebro mundial “de facto” de la humanidad – en parte diseñado y en parte surgido espontáneamente-.

Entonces, ¿qué sucede cuando todo el mundo tiene acceso a casi todo el conocimiento del mundo y acceso instantáneo a cerebros artificiales capaces de resolver problemas y crear nuevas condiciones como si fueran genios, borrando las anteriores diferencias entre las realidades virtuales y la realidad física?

Esperamos que estos gigantescos avances de la ciencia y la tecnología no nos deshumanicen, sino todo lo contrario, la humanidad puede llegar a ser más responsable y compasiva en la medida en que el internet de las personas y las cosas crezca en todo el planeta, y nos haga más conscientes de lo que es la humanidad en su conjunto y de nuestros ambientes naturales  y construidos. 

En esa dirección, cada vez es más difícil que los delitos convencionales no sean detectados.

En consecuencia, el ciberespacio se ha convertido en los nuevos medios de comunicación para nuevas clases de delitos. Según Alkamai (24 de julio 2013), hubo 628 ataques cibernéticos durante 24 horas, la mayoría a EE.UU. Los ciber-ataques pueden ser considerados como un nuevo tipo de guerra de guerrillas. La prevención puede ser solo una carrera armamentista sin fin intelectual de piratas informáticos contra otros piratas, poniendo trampas cibernéticas, sacando a la luz a perpetradores e iniciando sanciones comerciales.  

Neurociencia: implicaciones y aplicaciones
 
Con respecto a la neurociencia es importante determinar la actitud que se debe asumir en el ámbito educativo. En cuanto a los resultados de la investigación del cerebro, y el modelo compatible con este nuevo paradigma.

Por lo tanto, es necesario saber que la neurociencia no solo debe ser considerada como una disciplina, sino que es el conjunto de ciencias cuyo sujeto de investigación es el sistema nervioso con particular interés en cómo la actividad del cerebro se relaciona con la conducta y el aprendizaje. El propósito general de la neurociencia (según Kandel, Schwartz y Jessell, 1997), es entender cómo el encéfalo produce la marcada individualidad de la acción humana (Raúl, S., Silva, 2003).

Pero a pesar de lo complejo e interpretaciones de fondo de esta disciplina, la neurociencia, hay que reconocer, siguiendo a Geake -2002); que si el aprendizaje es el concepto fundamental de la educación, entonces algunos de los descubrimientos de la neurociencia pueden ayudarnos a entender mejor los procesos de aprendizaje de nuestros estudiantes y, en consecuencia, a enseñarles de manera más apropiada, efectiva y agradable. En ese sentido se entiende la afirmación de Wolfe (2001) de que el descubrimiento más novedoso en educación es la neurociencia o la investigación del cerebro, un campo que hasta hace poco era extraño a los educadores.

Indiscutiblemente los avances de la neurociencia, no solo han enriquecido otros campos de las ciencias de la educación, han permitido la convergencia de evidencias de diferentes campos científicos (sicología cognoscitiva, la lingüística, la antropología física, la filosofía  y la inteligencia artificial), sino, que frente a los problemas del aprendizaje y su desarrollo han permitido un cuadro más completo de cómo ocurre el desarrollo intelectual.

De la neurociencia a la práctica en el aula y a las políticas educacionales 
 
Hay tres elementos interactivos de enseñanza que emergen de sus principios y que pueden perfectamente aplicarse en el proceso de enseñanza aprendizaje (Caine y Caine, 1997):

1. Inmersión orquestada en una experiencia compleja: Crear entornos de aprendizaje que sumerjan totalmente a los estudiantes en una experiencia educativa.

2. Estado de alerta relajado: Eliminar el miedo de los educandos, mientras se mantiene un entorno muy desafiante.

3. Procesamiento activo: Permitir que el estudiante consolide e interiorice la información procesándolo activamente. 

Entonces, ¿Cómo impacta a la educación la aplicación de la teoría del aprendizaje compatible con el cerebro? Según estudios al respecto (Purpose Associates, 1998-2001), lo impacta en tres aspectos fundamentales: Currículo; los profesores deben diseñar el aprendizaje centrado en los intereses del estudiante y  hacer un aprendizaje contextual.
Enseñanza; los educadores deben permitir a los estudiantes que aprendan en grupos y usen el aprendizaje periférico. Los profesores que estructuran el aprendizaje alrededor de problemas reales, estimulan muy bien a los educandos a aprender en entornos fuera del aula de clase y fuera de la Escuela.

Evaluación; ya que los estudiantes están aprendiendo, su evaluación debería permitirles entender sus propios estilos de aprendizaje y sus preferencias. De esa manera, los estudiantes supervisan y mejoran los procesos de aprendizaje. 

Lo cierto es que el aprendizaje basado en el cerebro sugiere que los educadores deben ayudar a los estudiantes a que tengan experiencias apropiadas y saquen provecho de esas experiencias.

Para pasar de la teoría de la investigación del cerebro a la práctica escolar, lo primero que hay que hacer es partir repensando la escuela: repensar todos los aspectos de la educación, desde el rol del educador a la naturaleza de la evaluación (Caine y Caine, 2003).

Si pretendemos transformar la escuela, es necesario hacernos la siguiente pregunta, ¿cómo pueden ser las escuelas más compatibles con la manera como los seres humanos aprenden?

Sobre esta pregunta se adelantan posibles soluciones prácticas: Los planificadores de recursos educacionales deben ser artistas para crear entornos compatibles con el cerebro. Los educadores deben de entender que la mejor manera de aprender no es por la clase expositiva, sino participando en entornos reales que permitan ensayar cosas nuevas con seguridad (Purpose Associates, 1998-2001).

¿Cuál deberia ser la actitud que los profesores deberian asumir ante la neurociencia?
 
Los educadores estamos ante un gran desafío profesional. Según Sylwester R, (1995), ejercemos una práctica pedagógica que en esencia es de tipo conductista. Nos fijamos en las manifestaciones visibles, medibles y  manejables de conocimiento más que en los mecanismos y procesos cognitivos.

Si como educador no puede comprender los procesos cerebrales internos se concentra en objetos o eventos externos (estímulos) y en la conducta que emerge de procesos cognitivos desconocibles (respuesta). Aprendemos a manipular el entorno para lograr la conducta deseada. 

La base de la profesión docente está más cerca del Folklore que del conocimiento científico. Podemos predecir lo que sucede en clase, pero no sabemos por qué ocurre. El centrarse en la conducta externa puede llevar a conclusiones inapropiadas.

No comprendemos los mecanismos subyacentes que gobiernan la enseñanza y el aprendizaje como son la emoción, el interés, la atención, el pensamiento y la memoria. No sabemos si nuestros estudiantes aprenden debido a nuestros esfuerzos o a pesar de ellos. 

El estudio de la conducta, por otra parte, nos lleva a diagnósticos y tratamientos parciales de muchas complejas conductas de aprendizaje como dislexia, desórdenes de atención, motivación y  olvido.

Estamos pues, ante una encrucijada: podemos seguir fijándonos en la observación de la conducta externa o buscar una comprensión científica de los mecanismos, procesos y malos funcionamientos que afectan la realización de las tareas complejas del aprendizaje (Raúl, Salas, 2003).

Todas y cada una de estas reflexiones sobre la neurociencia debe llevar a los educadores a repensar y trasladar esa continua investigación al mundo de la educación, pero no traducir esa investigación compleja en estrategias que no resultan. Hay que ser cautos al aplicar los resultados de la investigación basada en el cerebro, pero simultáneamente hay que seguir adelante con lo que sabemos. No podemos esperar hay que actuar. La actual teoría e investigación del cerebro entrega ahora esbozos amplios y tentativos de cómo debe ser la escuela del futuro.

El conocimiento de cómo funciona y aprende el cerebro podrá tener, y tendrá, un gran impacto en la educación. Comprender los mecanismos cerebrales que subyacen al aprendizaje y la memoria, así como los efectos de la genética, el entorno, la emoción y la edad en el aprendizaje, podrían transformar las estrategias educativas y permitir idear programas que optimizarán el aprendizaje de personas de todas las edades y con las más diversas necesidades. Sólo comprendiendo cómo el cerebro adquiere y conserva información y destrezas seremos capaces de alcanzar los límites de su capacidad para aprender (Sara, J., Blakemore, 2008).

Finalmente quisiéramos dejar la siguiente reflexión-compromiso; “Frente a este desafío inaplazable de la neurociencia y su impacto en la educación, es necesario, que en cada institución educativa los educadores y el cuerpo directivo hagan investigación – acción sobre las aplicaciones de los resultados y los avances en neurociencia al proceso de aprendizaje y la enseñanza”.

Por Faber Pérez

24 de septiembre de 2014

La puerta de entrada


Hay un lugar de donde surgen los pensamientos, de donde brotan las ideas, de donde nacen las decisiones. Un lugar secreto situado en algún punto de nuestro cerebro, voluble, indefinido e influido no se sabe por qué fuerza.

  Un lugar influenciado por las energías que dejamos correr a través de nosotros, donde se deciden las últimas voluntades, que dirige nuestro destino y que ni siquiera sabemos que existe.

  ¿Dónde se toma la última decisión?, ¿qué es lo que nos hace variar en el último momento? Una pequeña chispa se enciende en nuestro cerebro y cambia el rumbo de nuestros pasos y, puede que también, el de nuestras vidas, ¿de dónde viene?, ¿por qué o por quién está dominada?

  ¿Qué energía dirige nuestra vida sin sospecharlo siquiera?, quizá todo está más conducido de lo que parece, quizá pasamos justo por donde teníamos que pasar y la tendencia nos lleva hacia allí, porque así se ha decidido en algún lugar o en algún momento.

  Puede que se nos maneje como a una marioneta, que se nos dirija hacia ese espacio o hacia esa situación por la que debíamos de pasar, porque ahí está nuestro sitio, nuestro lugar, y también nuestro aprendizaje…, o porque ahí se encuentra la prueba que necesitamos, aquella de la que depende nuestro crecimiento.

  Observa alguna vez ese punto, por donde todo entra, intenta situarlo, está ahí, justo detrás de cada pensamiento, de cada idea, de cada decisión. Intenta reconocerlo, estudiar quién es en realidad el que lo dirige, el que lo altera, el que lo modifica.

  Pues sólo encontrándolo y conociéndolo, podremos saber la raíz de los pensamientos, el principio de las decisiones y… entenderlo.

  Estudia qué canal es el que lo abre, con quién se comunica, pues detrás de esa puerta se encuentran muchos de los interrogantes y de las respuestas sobre lo que somos, sobre lo que hacemos aquí y, también, sobre cuál es el conocimiento que hemos venido a buscar y a desarrollar. 

Por José Luis Vilar
 

23 de septiembre de 2014

La salud en nuestras manos


En épocas de gripes y anunciadas pandemias, fomentamos el miedo en vez de la salud. Información parcial, noticias catastróficas y fuera de contexto promueven el temor, mientras se pide a la población que no entre en pánico, en una contradicción insostenible.
Es verdad que cualquiera de nosotros puede “contagiarse” y enfermar. Es más: tenemos derecho a enfermar, a tomarnos un respiro y apartarnos de nuestras rutinas cotidianas. Para lograrlo, necesitaremos utilizar los virus para realizar la enfermedad. Incluso podemos afirmar que no hay nada más saludable que enfermar, entendiendo que es la manera de recuperar el equilibrio perdido.

Sin embargo, para enfermar, tendremos que recurrir a instancias mucho más potentes que los virus: necesitaremos sentimientos o dolores no reconocidos, hartazgos o conflictos internos sin solución aparente y el deseo de apartarnos y distanciarnos, erigiendo enemigos por doquier. También precisaremos comida de mala calidad o alejada de nuestra naturaleza personal. Quiero decir, comemos lo que luego nos enferma y pensamos lo que luego nos enferma.

Esto significa que el equilibrio físico y psíquico está en nuestras manos y depende de nosotros mucho más que de los temibles virus externos. Aunque no lo parezca, ésta es una excelente noticia. Porque podemos hacer algo muy concreto. ¿No queremos enfermar? Pues bien, abandonemos completamente la leche y sus derivados. Completamente significa completamente: yogures, postres, flanes, cremas, helados, manteca, chocolate. En los niños pequeños, esta debería ser la regla. ¿Es muy difícil? ¿Acaso es más fácil tolerar las virulentas gripes que nos tienen aterrados que sostener una dieta momentáneamente rigurosa?

Ahora bien, supongamos que prestamos una estricta atención al alimento, aún tendremos que abordar el territorio de los dolores afectivos. Eso es más complejo, pero no imposible. Como mínimo, preguntémonos qué nos aportaría una enfermedad respiratoria en este momento de nuestras vidas. ¿No tenemos ninguna pista? Pidamos ayuda, para ver aquello que enceguecidos por nuestras propias opiniones, no alcanzamos a vislumbrar.

En lugar de alimentar el miedo o de aislarnos, sepamos que sólo podemos enfermar de aquello que nos completa y que todo síntoma nos aporta información sobre el estado de nuestra conciencia. No hay verdadero peligro si miramos hacia adentro.

Por Laura Gutman

Fuente: http://www.animalespiritual.com/la-salud-en-nuestras-manos/
 

21 de septiembre de 2014

La disciplina del sentir


La razón disfraza los sentimientos. La cabeza opaca al corazón. Y así se puede pasar la vida. Sin vivir. Vendiendo personajes, comprando fantasías. Alimentar el ego es una pose que dista de la verdadera felicidad. Pensar es útil, aunque no suficiente para disfrutar. Se disfruta sintiendo, se gana intelectualmente pensando. Los sentidos se echan a perder con tanta mente. Sentir cuando hay que sentir es el desafío. Pensar para ordenar lo sentido. Esa es la dinámica, ese es el equilibrio. Esa es la disciplina a ejercitar.
 
Aparece la creatividad en un estado de no mente. Se crea una idea, se crea una obra de arte, se crea la propia vida. La mente engaña, los mandatos que ahí habitan no son más que información que mantiene un razonable equilibrio, aunque no muchas veces un feliz equilibrio.

Lo que quiere una mente es lo que quiere una familia, una sociedad, un gobierno. Lo que quiere un corazón, es lo que verdaderamente quiere un individuo. Sentir primero y pensar lo sentido para comunicarlo puede cambiar las formas. Pensar primero es defenderse, es mantener las formas. Un gran paso es desaprender, dejar de controlar acontecimientos, identificar qué oculta la mente con su discurso armado.

Salir a buscar el placer con las emociones, despojarse de tanta razón, abrir la puerta de los sentidos para ver, es despertar. La mente está en el pasado, la mente está en el futuro. No está acá, no está ahora. Es muy fácil confundir emociones generadas por la propia mente con el verdadero sentir. La disciplina del sentir está libre de fantasías generadas por la historia personal o por un futuro que repite el pasado. La disciplina del sentir esta a disposición de todos, habrá que animarse a ponerla en práctica y prepararse para renacer.

Por Gustavo Levín