Para pensar sin pensar



"Aquellos que atraviesan el umbral del cielo,

no son seres carentes de pasiones

o que se han sometido a las pasiones,

sino quienes las han cultivado

y las han comprendido."


William Blake



10 de febrero de 2016

La memoria es un archipiélago de islas...


Facundo Manes, rector de la Universidad de Favaloro (Argentina), habla del cerebro con la misma pasión con la que escribe de él. Al neurocientífico argentino le preocupa por igual la salud de su presidenta, Cristina Kirchner, a la que operó tres años atrás, que la de ciudadano de a pie. Con su libro Usar el cerebro pretende que cualquier lector, “que no tiene tiempo de hacerse neurocientífico en una semana”, tenga herramientas con las que luchar contra el estrés, el sedentarismo y otros grandes enemigos de nuestro centro de mandos. Advierte que el avance de la neurociencia planteará nuevos dilemas morales a la humanidad.
¿Por qué nos volvemos enfermizamente adictos a ciertas sustancias, el juego, el móvil, el sexo…?
La adicción es una enfermedad como la diabetes o la hipertensión arterial. Al igual que la hepatitis secuestra el hígado o el infarto aguado secuestra el corazón, la adicción secuestra el cerebro. En un experimento se descubrió que los animales se morían de placer: le daban a una palanca que activaba estos circuitos y no comían, bebían ni dormían, ya que solo se dedicaban a activar este mecanismo. Este circuito se activa cuando somos adictos al juego, la cocaína o el trabajo. No es un daño o debilidad moral, sino una enfermedad.  
¿Desde un punto de vista neurológico, existen razones científicas para que haya drogas legales e ilegales?
(Reflexiona durante varios segundos). La neurociencia tiene que ser una herramienta más en la mesa de discusión multidisciplinar, porque tiene muchas aristas.
¿Y cuál sería esa postura de la neurociencia?
Que cuando una sustancia tiene un impacto en la esfera personal, social y profesional de uno, debería revisarse su legalidad.
¿Hasta qué punto somos conscientes de los efectos adversos del consumo excesivo de alcohol?
No somos conscientes de que el alcohol sea una droga. Por eso es tan importante difundir la neurociencia. Si la sociedad fuera consciente, apoyaría a políticos que actuarían en consecuencia. Una copa de vino al día está bien, la cuestión es la regulación del impulso.
¿Considera el estrés una de las grandes epidemias del mundo actual?
Sin duda, el estrés crónico es un gran problema. El estrés es una reacción normal ante un peligro o una demanda, el problema es cuando se perpetúa. Afecta al cuerpo y al cerebro, produciendo atrofias en ciertas áreas del cerebro. Puede ser reversible, pero el hipocampo se ve afectado, es una zona clave de la memoria.
Habla en su libro de estrés, sedentarismo, mala alimentación, falta de sueño, alcohol… parece un cóctel explosivo para dañar nuestro cerebro.
No hay una sola cosa que le haga mal al cerebro, sino varias. Démosle la vuelta: qué cosas le vienen bien al cerebro. Todo lo que le hace bien al cerebro es lo que le hace bien al corazón: colesterol normal, glucosa normal en sangre, evitar hipertensión y sobrepeso, no fumar, comer sanamente pescado, fruta y verdura. El ejercicio físico es un buen antidepresivo y un buen ansiolítico, ya que crea nuevas conexiones neuronales. Al cerebro le viene bien la vida social, estar aislado socialmente es un factor de mortalidad, más importante que el alcoholismo y la obesidad. Al cerebro le viene bien el desafío intelectual. Por no hablar de dormir, que protege al cerebro.
No se puede vivir con estrés crónico, hay que combatirlo.
Tenemos más neuronas que estrellas hay en el universo: ¿Qué es más complejo el espacio o nuestro cerebro?
Una de las maneras de analizar la complejidad de un órgano es la intención de entenderse a sí mismo. El cerebro lo intenta, mientras que el universo, por lo que sabemos, no lo hace.
¿Son los neurocientíficos los próximos astronautas?
La neurociencia viene a aportar nuevas formas de entender preguntas que desde siempre se ha planteado la civilización occidental y que han estado confinadas a responderse por filósofos, líderes religiosos o científicos aislados. Creo que hay que tender puentes con otras disciplinas, ya que la ciencia no se permite la ambigüedad que se permite el arte.
¿Busca su libro un tono literario y divulgativo?
Sí, lo importante es que la gente tenga herramientas para interpretar. Hablamos del funcionamiento del cerebro de forma sencilla para que la gente interprete a partir de ahí. He tratado de escribir para el lector, que no tiene tiempo de hacerse neurocientífico en una semana. La sociedad va a tener que dirimir dilemas éticos y morales que van a surgir con el avance de la ciencia del cerebro.
¿Como cuáles?
Si tú estás en este salón y yo, en otra habitación, te podemos poner un electrodo y que pienses en pulsar una tecla. Unos cables llegan a mi cuarto y a través de un ordenador activa un aparato que hace que yo pulse la tecla. Es como telepatía con tecnología. Eso ya no es ciencia ficción. La sociedad va a tener que decidir qué hacer con esta información. Es fascinante pero se puede usar con fines militares: por eso es tan importante que la sociedad entienda la neurociencia.
¿Qué le resulta más fascinante del cerebro humano?
Que en esos 2 kilos que pesa el cerebro está nuestra memoria, nuestras frustraciones, nuestra identidad, nuestros afectos… es decir, quiénes somos.
¿Qué es la memoria?
La memoria es la capacidad de retener, consolidar y evocar información. Como decía García Márquez, la vida no es lo que vivimos, sino cómo la recordamos para contarla. Cada vez que evocamos una memoria, se reconstruye. Un aspecto fascinante de la memoria es el olvido, creo en la memoria como un archipiélago de islas en un océano de olvido. ¿Qué recordamos entonces si olvidamos todo? Sobre todo lo que nos emociona. El olvido es muy importante, porque si recordáramos todo, no podríamos aprender nada nuevo.
¿Por qué tenemos problemas para recordar?
El mundo actual tiene demasiados estímulos: el ipad, el iphone, el ordenador... Cuando estás trabajando en el ordenador, te dedicas a comprobar el correo electrónico, Facebook, Whatsapp, Twitter, las noticias... y eso genera un cambio de tarea permanente que reduce el rendimiento. Es imposible mantener la atención. Muchas veces nos sentimos más productivos cambiando de tarea, pero en realidad lo somos menos y eso genera estrés y desgaste de recursos cognitivos, que son limitados.
¿Qué hábito dañino con el cerebro le preocupa más?
La conexión permanente, el estímulo permanente. Hay que volver a relajarse, a vivir el presente, a aburrirse y a hacer introspección... Me parece que el mundo moderno con tantos estímulos nos aleja de la introspección o de vivir el presente, del factor humano.
Efecto Google: ¿Nos atontan las nuevas tecnologías?
No, para qué recordar cuántos habitantes tiene Ulán Bator si está en Google. Google nunca va a recordar el último abrazo de tu hijo o el último beso de tu mujer. Es una expansión, un complemento. Tampoco la imprenta cambió el cerebro, así que tampoco lo va a cambiar Google.
¿Conocer mejor nuestro cerebro nos hará mejores personas?
Creo que cuando uno conoce todas las herramientas, lo puede usar mejor. Si uno conoce lo que sabemos de cómo funciona el cerebro, va a tener más herramientas para vivir mejor y ser mejor. Comprender el cerebro puede impactar positivamente a la sociedad. Si tomamos de la neurociencia el concepto de empatía, quizás podamos mejorar como sociedades.
Hablemos de mitos: ¿Es cierto que solo usamos el 10% del cerebro?
No (rotundo), es un mito, usamos todo el cerebro, incluso cuando no hacemos nada.
¿Y es cierto que el consumo de carne está relacionado con el desarrollo evolutivo de la inteligencia humana?
Es una hipótesis que necesita más consolidación científica. La evolución humana tiene más que ver con saltos evolutivos: ser bípedos, que aparezca la memoria, el lenguaje, la complejidad social. Ningún otro ser hace entrevistas, estudia el cerebro o hace hoteles. Otro salto evolutivo fue la capacidad de engañar tácticamente al otro y autoengañarse.
¿Qué es lo más interesante que vamos a averiguar sobre el cerebro en los próximos años?
Cómo los circuitos neuronales dan lugar a la experiencia emocional que todos tenemos. Es fascinante y una de las preguntas centrales de la neurociencia.
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Fuente: http://www.eldiario.es/andalucia/memoria-archipielago-islas-oceano-olvido_0_479802985.html

8 de febrero de 2016

La felicidad también se aprende


No hay nadie a quien no le atraiga la idea de alcanzar la felicidad. Pero ese anhelo, que es tan propio del ser humano, permanece muchas veces inalcanzado, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿qué es la felicidad?; y como consecuencia, ¿cómo podemos llegar a ser felices?
Cuando vemos a un niño pequeño, solemos cuidarlo con mucho mimo y cariño. Le dispensamos los mejores cuidados para que aprenda a caminar. Conforme se va haciendo mayor, cuidamos de que aprenda a leer y a escribir. Y cuando termina sus estudios, normalmente, se le suele dejar libre en la creencia de que ya lo sabe todo, aunque, la verdad, a vivir nadie nos ha enseñado y creemos que esto solo lo podemos aprender de la vida a base de golpes.
Pero… si alguien está dispuesto a arriesgarse, puede acercarse a una escuela de filosofía y se le enseñará a vivir. Y, junto a la idea de aprender a vivir, está la idea de aprender a ser feliz.
Si salimos a la calle y preguntamos a los paseantes qué es la felicidad, la respuesta normal será que está en las pequeñas cosas, depende de los tuyos, de tu familia, de no tener preocupaciones, etc. Y si buscamos en las redes sociales, en Internet, nos encontraremos con cursos de fines de semana y con ideas que, si bien nos pueden dar la felicidad, esta es momentánea o tiene bastantes tintes de egoísmo. Lo que yo pretendo que intentemos es la felicidad duradera, la que siempre nos acompañará, pese a los altibajos naturales de la vida. Y, para ello, nada como acudir a los grandes hombres de la filosofía, los grandes clásicos, quienes buscaron y hallaron un camino para llegar a la felicidad.
Aristóteles, junto con muchos filósofos, parte de una idea, y es que todo ser humano, a través de sus acciones, siempre busca el bien. Todo arte, toda ciencia, todo conocimiento, tiende hacia el bien. Y el Bien supremo, el último, para él, no es sino la felicidad. Aristóteles define la felicidad propia del ser humano como la actividad de su alma conforme a la virtud. La frase, más o menos completa, dice así: “La felicidad propia del hombre es la actividad del alma dirigida por la virtud. Y si hay muchas virtudes, por la más alta y perfecta de todas ellas”.
Veamos qué significa. Por un lado, es actividad. La felicidad, solo la vamos a conseguir haciendo cosas, manteniendo una acción. Pero cuidado, un estado de estrés, tampoco. Si nos fijamos en la Naturaleza, nos daremos cuenta de que ella nunca está quieta, nunca; pero tampoco hace nada de sopetón, con prisas. En la Naturaleza, nunca hay estrés. De aquí que el hombre también necesita tener una actividad y hacer las cosas con ritmo, como lo hace la propia Naturaleza. Y si lo pensamos un poco, cuando hacemos algo es cuando podemos ser felices. Cuando no hacemos nada es cuando nuestra cabeza empieza a pensar sola y, en muchas ocasiones, no por el buen camino precisamente.
El segundo punto que nos conviene tener en cuenta es lo del alma. ¿Qué es el alma? La verdad es que hablar del alma nos daría casi para toda una vida, pero haciendo caso a la filosofía oriental, diremos que es aquella parte del ser humano que engloba todos sus sentimientos, emociones, pensamientos, etc. Dentro de su estructura filosófica de constitución septenaria, serían los vehículos de Astral y Kama-Manas.
Por lo tanto, ahora ya sabemos que todo lo que hagamos con el alma nos llevará a la felicidad. Pero… falta añadirle un componente. Como dice Aristóteles: dirigida por la virtud.
¿Qué es la virtud? Las virtudes más conocidas son la justicia, la bondad, el valor, la nobleza, la dignidad, la templanza, la generosidad, etc. Pero ¿qué es ser justo, bueno, valeroso, noble, digno, generoso, etc.? Según Aristóteles, la virtud es el punto medio entre dos extremos. Ello quiere decir que cada virtud es un punto de equilibrio entre dos extremos. Veamos más ejemplos. Si ponemos en un extremo la temeridad y en el otro la cobardía, en el justo medio está el valor. Ello quiere decir que la virtud del valor, la tendrá aquel que sepa realizar acciones y no sea un cobarde, pero tampoco un temerario. Es aquel que pone inteligencia en sus acciones y se enfrenta a los peligros una vez los ha valorado. Sinónimo de valor es coraje. Lo mismo nos pasará con las otras virtudes; todas están relacionadas con un defecto y un exceso; y la virtud es el justo medio, ese difícil equilibrio que tanto nos cuesta conseguir y mantener.
Por lo tanto, volviendo al enunciado de lo que da la felicidad, ya tenemos que todo lo que hagamos, propio del ser humano, dirigido por la virtud, nos dará la felicidad. Pero hay una parte de la frase que todavía no hemos analizado y es la última. Sí, toda virtud es buena, pero parece que hay unas mejores que otras. Ser bueno es fácil, ser justo es muy difícil.
Aristóteles nos lleva a elegir la virtud más alta y la más perfecta de todas ellas. Y ello es así porque para los filósofos griegos había dos grupos de virtudes; virtudes intelectuales y virtudes morales. Entre las virtudes intelectuales tenemos la sabiduría, la ciencia, la prudencia, etc. Y entre las morales, tenemos la generosidad, la templanza, etc. Las virtudes intelectuales son las que nacen de una enseñanza, mientras que las enseñanzas morales son las que nacen con la práctica. De alguna manera, lo que nos quiere decir Aristóteles es que solo seremos justos si practicamos la justicia; solo seremos generosos si practicamos la generosidad; solo seremos nobles si practicamos la nobleza. Y así, con cada una de las virtudes.
Así que, con todo esto, ya podemos empezar a saber cómo podemos llegar a ser felices de verdad. Si somos capaces de empezar a practicar las cualidades humanas (que es la acción del alma), seremos capaces de acercarnos a una verdadera felicidad.
Así pues, lo que de verdad nos dejó Aristóteles fue un camino para poder ser realmente felices. ¿O acaso cuando tenemos ocasión de ayudar a alguien, sin esperar nada a cambio, cuando ayudamos a un invidente a cruzar una calle, o a una ancianita a pasar por un sitio difícil, cuando tenemos ocasión de practicar el voluntariado, de hacer acciones que nosotros llamamos buenas de corazón, no nos sentimos bien, no nos sentimos llenos, no nos sentimos felices? Claro que sí. Y este es el camino para conseguir la felicidad, que ya nos señalaron hace más de 2500 años estos filósofos griegos.
Pues así como nos esforzamos en trabajar duro para ganar el dinero con el que queremos vivir, comprar cosas y demás (dinero que al fin y a la postre en algún momento vamos a perder), si queremos ser felices, no podemos esperar que nos llegue la felicidad desde afuera; es necesario que nos nazca de dentro de nosotros. Tendremos que trabajar y luchar contra nosotros mismos para poder vencer nuestros miedos. Es necesario practicar los valores que nos hacen mejores; al principio nos costará un poco, nos parecerá una tontería, puede que incluso nos dé vergüenza. Pero si somos capaces de superar esta resistencia inicial, fruto de nuestros propios miedos, seremos capaces de sentir, poco a poco, cómo nace en nuestro interior una fortaleza y una seguridad que nos convertirá en mejores personas y en seres mucho más felices; poco a poco veremos cómo todas las cosas de este mundo están colocadas en su sitio y cómo somos capaces de ver la vida con otros ojos.
Esta felicidad no es la felicidad de sonreír sin ton ni son, no es esa superficialidad que notamos al estar en contacto con personas y tomando una copa en un bar, que puede estar bien, pero que, como os decía antes, termina. En cambio, la verdadera felicidad no es sino una sensación de paz interior, de ver el mundo sabiendo que cada cosa tiene su sitio y sabiendo que todas las cosas se van sucediendo, una detrás de otra, de forma equilibrada y natural, y que todas tiene un porqué. Y que nosotros podemos contribuir a hacer que todo vaya un poco mejor. Esa felicidad otorga fuerza interior, que se convierte en el motor de nuestras vidas.
Y en ese trabajo, como os decía, no debe ser poco el esfuerzo que pongamos, porque todo esfuerzo invertido en ser felices, en practicar las virtudes, en mejorarnos, es un esfuerzo que nos acompañará siempre.
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Fuente: http://www.revistaesfinge.com/salud/desarrollo-personal/item/1119-la-felicidad-tambien-se-aprende

4 de febrero de 2016

El cerebro holográfico


Las leyes de la física cuántica, que están protagonizando un importante giro en la forma de analizar el mundo, se pueden aplicar también a los procesos de algo vivo, como el cerebro. Así se deduce de los trabajos de Pribram, que dedicó 30 años a escudriñar de qué forma el cerebro nos permite percibir la realidad.

El cerebro humano es, sin lugar a dudas, uno de los retos más grandes para la ciencia; al menos así es como lo ha vivido Karl Pribram. En 1949, con veintinueve años y contando con la carrera de médico neurocirujano, decidió dejar de lado un lucrativo trabajo como médico para dedicarse a la investigación y la enseñanza. Músico de corazón y más explorador que médico, dedicó más de seis décadas de trabajo a una teoría que, más tarde, revolucionaría la concepción del mundo de la neurología y la neuropsicología.

Pasaría los primeros veinte años intentando desvelar los misterios que rodean la organización del cerebro, la percepción del mismo y la conciencia. Su laboratorio fue uno de los primeros en identificar procesos cognitivos, obteniendo muchos éxitos. Pero aun así, había algo que le confundía. Uno de esos misterios era la paradoja fundamental: en sus trabajos podía identificar los procesos cognitivos, incluso identificar las partes específicas del cerebro donde estos procesos se realizaban, pero parecía que algo se le escapaba de las manos, es decir, que el almacenamiento de la información parecía estar distribuido no solamente en una zona específica del cerebro, sino que a veces abarcaba más zonas y era imposible detectar dónde, por ejemplo, estaba alojado un recuerdo o un pensamiento. Pribram se preguntaba cuál era el mecanismo que hacía esto posible. ¿Dónde guardaba el cerebro la información?

Siguió adelante ampliando su investigación, llegando a estudiar cómo el cerebro “ve” a través de los ojos. La sorpresa vino cuando Pribram, junto con otros colaboradores, demostraron que las imágenes no se proyectaban en el córtex visual a modo de pantalla de cine, como se creía, dado que el simple hecho de enfocar visualmente un objeto exigiría un nuevo y complejo cálculo cada vez que nos alejáramos unos centímetros de este. Pribram estaba convencido de que tenía que haber otro mecanismo que nos permitiese ver el mundo como lo percibimos.

Durante un encuentro de la UNESCO en París, Pribram conoció a Dennis Gabor, ganador del Premio Nobel por su descubrimiento de la holografía. Esa tarde que pasaron juntos bebieron una botella particularmente memorable de vino joven y llenaron tres servilletas de complejas ecuaciones. Gabor compartió su experiencia explicando como se crea el holograma: Se dividen los rayos de un láser en dos; ambos llegan a una placa fotográfica; uno facilita los patrones de luz y el otro coge la configuración de una manzana, por ejemplo, sobre la que es proyectado, y ambos interfieren. 

Sobre dicha película quedan grabados patrones de interferencia que se ven como garabatos de círculos concéntricos, pero si se hace brillar otra vez un láser sobre la película, se retoma la imagen tridimensional de la manzana que había quedado impresa. Otra propiedad de la holografía es que en cada pequeña porción de la información codificada está contenida la totalidad de la imagen, de la manzana en este caso, pero a una escala menor.



Resonando con la realidad

Pribram ya tenía, por fin, un mecanismo que podía explicar el funcionamiento del cerebro, cómo se forman las imágenes, cómo se almacenan y cómo pueden ser recuperadas o asociadas con otras cumpliendo las leyes de la holografía, según las cuales en la pequeña parte se encuentra el todo. Estaba proponiendo algo tan radical como que el cerebro, una cosa cálida y viviente, opera según las extrañas reglas de la mecánica cuántica. Es decir, que nuestro cerebro tiene la capacidad única de captar y almacenar ondas cuánticas de grandes cantidades de información en patrones de interferencia y recuperarlo de manera casi instantánea en tres dimensiones, y a partir de esta información creamos el mundo que percibimos.

Pribram, sin dejar de lado su pasión por la música, nos explica este paradigma desde un punto de vista más musical: “Piensa que tu cerebro es como un piano. Cuando observamos algo en el mundo, ciertas porciones del cerebro resuenan a ciertas frecuencias específicas. En determinado punto de atención, nuestro cerebro sólo toca ciertas notas que hacen vibrar determinadas cuerdas de cierta longitud y frecuencia. Seguidamente esta información es recogida por los circuitos eléctricos ordinarios del cerebro, tal como las vibraciones de las cuerdas acaban resonando en la totalidad del piano”.

Otra de las cosas que descubrió es que el cerebro habla consigo mismo y con el resto del cuerpo mediante el lenguaje de interferencia de ondas (lenguaje holográfico), nada de impulsos eléctricos ni terminaciones nerviosas. Percibimos un objeto “resonando” con él. Conocer el mundo, teoriza Pribram, es estar en su longitud de onda.

El modelo holográfico es la respuesta de cómo el cerebro es capaz de almacenar una gran cantidad de información. Explicaría la vastedad de la memoria teniendo en cuenta que las ondas pueden contener cantidades inimaginables de datos, mucho más de quintillones (280.000.000.000.000.000.000) de bits de información, que es la cantidad de información que una persona puede almacenar durante su vida. 

Este modelo también explicaría la recuperación instantánea de la memoria, a menudo en forma de imagen tridimensional. Por otro lado, la capacidad de reconocer objetos iguales pero de diferentes tamaños. También daría cuenta de por qué podemos manejar una bicicleta, bailar y realizar tareas que exigen una coordinación extrema que sobrepasa cualquier tipo de configuración y comunicación nerviosa o eléctrica a través del cuerpo. Incluso llegó a mostrar que el cerebro puede bloquear o discriminar aquellas frecuencias que recibe, a modo de defensa, para que no seamos bombardeados constantemente.

A su trabajo se fueron añadiendo diversos investigadores, llevando sus teorías más allá en multitud de campos, como el de la memoria, la psicología, la medicina, la física cuántica y la ciencia en general. Médico, músico y explorador por naturaleza Karl Pribram es uno de los grandes científicos de nuestra era que con su paradigma del cerebro holográfico nos invita a llegar los confines de un mundo en el que lo físico e intangible se confunden en uno.

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Fuente: http://www.revistaesfinge.com/salud/psicologia/item/1017-el-cerebro-holografico


1 de febrero de 2016

Las creencias terminan por caer


Enrique Martínez Lozano Psicoterapeuta, sociólogo y teólogo advierte contra la charlatanería y aboga por «una espiritualidad genuina camino al yo»

«Hay una grieta en todo. Por ahí es por donde entra la luz». El psicoterapeuta, sociólogo y teólogo Enrique Martínez Lozano cita a Leonard Cohen para expresar un modo de interpretar la realidad y ver incluso (o sobre todo) en las dificultades «una oportunidad de transformación». Uno de los ponentes habituales del Foro de la Espiritualidad habló ayer sobre lo que ocurre «cuando caen las creencias».

¿Vacío o liberación?

Cuando vemos peligrar las creencias podemos caer en el fanatismo o en el cinismo. Las creencias terminan por caer porque solo son construcciones mentales. Eso es una buena noticia y una buena oportunidad para trascender porque todo lo que queda es la certeza de ser.

¿Choca la espiritualidad con el materialismo imperante?

Esa fragmentación dualista es herencia de las creencias religiosas y desfigura la realidad. Todo, incluido lo material, puede ser espiritual. Tan espiritual puede ser sentarse a meditar como irse a Laurel. La espiritualidad no tiene tanto que ver con 'qué hago' como con 'desde dónde lo hago'.

¿La espiritualidad es una moda?

Hay un riesgo de que sea una moda, como todo lo que está en el candelero. Y corre el riesgo de que se banalice y se preste a charlatanería y a ofertas poco espirituales.

¿Y riesgo de sectarismo?

Sí, incluso riesgo de narcisismo o escapismo. Son sucedáneos de la genuina espiritualidad y esta trata de desenmascarar estas trampas.

¿Ha venido a llenar el vacío de las creencias religiosas?

Probablemente sí. El ser humano no puede soportar el vacío mucho tiempo.

El escéptico ya ni siquiera se plantea la existencia de Dios, sino incluso la existencia del alma. ¿Es el alma otra cosa que una idea?

Alma es un término ambiguo y con connotaciones religiosas. Yo prefiero conciencia o consciencia. Y diría que somos algo más que nuestra mente y que nuestras creencias, sean las que sean, incluso más que las creencias agnósticas.

En pocas palabras: explique la espiritualidad a un escéptico.

Es algo personal y a veces necesitamos crisis para habilitar esa apertura. El camino es que cada uno se haga preguntas para conectar con la realidad que ya es. No se trata de convencer desde fuera sino de encontrar el camino a quién soy yo.

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29 de enero de 2016

La felicidad no es una meta, sino un punto de partida


Tradicionalmente se ha pensado que la felicidad es un objetivo, un lugar de llegada al que cualquier persona aspira, pero realmente “es el punto del que hemos de partir”, sostiene la catedrática de Psicobiología en la Universitat de València, Manuela Martínez Ortiz. “Más que llegar a la meta, lo importante es disfrutar del recorrido”. Ésta es una de las tesis que defiende en el libro “Escucha tu cerebro: la clave de la neurofelicidad” (Plataforma Actual), que ha publicado en 2015 junto a Luis Moya Albiol. Manuela Martínez es directora de Estudios de Postgrado en Neurofelicidad y del Master en Neurofelicidad Aplicada a los ámbitos laboral, de la salud y escolar de la Universitat de València. Considera que cuando alguien somete de modo permanente el cerebro a la negatividad, “se vuelve ciego” y reduce la capacidad de la mente.

-Para escribir sobre la “neurofelicidad”, el punto de partida son los últimos estudios en neurociencia, neuroplasticidad y epigenética. ¿A qué avances te refieres?


Creo que desde que empecé a estudiar Medicina en 1975, y a dar clase once años después, los conocimientos han avanzado mucho. Antiguamente se nos enseñaba que una vez se formaba el cerebro y el sistema nervioso, éste permanecía estático. Esto quería decir, finalmente, que uno era de una determinada manera, “yo soy así”. Te decían también que las neuronas no se dividen, que uno es el resultado de ese cerebro estático. Desde la década de los 90 los estudios en Neurociencia apuntan que, bien, uno es de un determinado modo, pero puede decidir no serlo. A partir de acciones y comportamientos, pueden introducirse cambios en el cerebro. Además, sabemos que las neuronas se dividen a lo largo de la edad adulta, que pueden fabricarse nuevas neuronas o que pueden conectarse entre ellas, como ya descubrió Ramón y Cajal. Ciertas redes neuronales pueden “apagarse” si no se utilizan y, además, las que más trabajamos son las que más se fortalecen. Todo ello te lo muestra la neuroplasticidad del cerebro. Por ejemplo, hay estudios que demuestran cómo el cerebro cambia durante una sesión de psicoterapia: al introducirse nueva información en el cerebro, uno ya no es el mismo. Todo esto nos da libertad.

-En el libro “Escucha tu cerebro: la clave de la neurofelicidad” incluyes una cita de Ramón y Cajal: “Todo ser humano puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. Pero siempre existe un contexto social que, al menos, condiciona…


Nadie vive solo. Todo el mundo vive en una cultura, con interacciones sociales. Así, estar con gente que se queja continuamente afecta a nuestro cerebro, ya que se activan las neuronas de malestar y tristeza. Yo hace muchos años que no veo los informativos de televisión, únicamente leo algunos titulares de los periódicos. He trabajado durante 30 años sobre los efectos de la violencia sobre las víctimas, y he decidido no ver películas violentas, es más, cuando aparecen escenas de este tipo, apago la televisión. Hay estudios realizados en Estados Unidos que analizan los procesos de “desensibilización” asociados al visionado de imágenes violentas, y que señalan los cambios que se producen en el cerebro.

-¿En qué consiste el proceso de “desensibilización” que mencionas?


Someter el cerebro a estas imágenes hace que las conductas violentas se “normalicen”, de manera que uno deje de reaccionar ante esas acciones o aumenten las probabilidades de cometerlas. Hace más de un siglo ya se decía que la violencia sigue el recorrido de un cable telegráfico, es decir, cuando se informaba del crimen cometido en un pueblo a través del cable, el asesinato se perpetraba a continuación en otro. Ocurre lo mismo con la violencia de género, y con los suicidios.

-¿Qué importancia atribuyes a las “neuronas-espejo” y el rol que desempeñan en el aprendizaje y la creatividad? ¿Y en cuanto a los instintos?


Cuando alguien ve a una persona hacer algo, modifica el cerebro en función de lo que ve. Se aprende por imitación, esto es básico tanto en los menores como en los adultos. Por otro lado, difícilmente se crea algo de la nada. Normalmente la creatividad consiste en relacionar informaciones que ya estaban en el cerebro. Por otro lado, los seres humanos somos como maquinarias perfectas, que están trabajando todo el tiempo. Es nuestro cerebro más primitivo. Son los instintos. Tenemos un programa perfecto para mantenernos vivos, reproducirnos y que sobreviva la especie, lo que además lleva muchísimas emociones y conductas asociadas.

-¿Tiene relación la Neurofelicidad con el Pensamiento Positivo y la Autoayuda?


La Psicología Positiva surgió en la década de los 90. Uno de los mentores, Martin Seligman, había trabajado con animales y era, de hecho, un investigador de laboratorio. Afirmó que hasta el momento se habían centrado los esfuerzos en detectar lo “malo” y solucionarlo. La Psicología Positiva plantea, por el contrario, crear nuevas líneas de investigación sobre cómo funcionan bien las cosas y, en consecuencia, aprovechar ese funcionamiento. Es decir, ya no se trata de centrarse en por qué una persona está triste, por qué la máquina funciona mal e intentar arreglarla mediante una terapia psicoanalítica de 30 años. El foco se pone en qué hacer para que la maquinaria funcione bien. Así, exponerse a la naturaleza es bueno, también lo es hacer ejercicio, porque se produce un aumento de la serotonina o las endorfinas. Esto lo decimos en el libro, pero siempre basándonos en estudios científicos. Yo aplico la Neurociencia a la Psicología Positiva. Explicamos los cambios que se producen en el cerebro a partir de estos comportamientos positivos. Tampoco “Escucha tu cerebro” es un libro de autoayuda, sino de divulgación científica. En cada capítulo hay al menos dos ejemplos que remiten a estudios científicos.

-Sin embargo, el malestar, el dolor y la frustración pueden liberar la creatividad y dar origen a obras artísticas… Además, se afirma en el libro, “todos podemos aprender a ser más felices, más allá de nuestra genética y de nuestra situación personal y social”. ¿Es compatible este enunciado con el pensamiento crítico?

No creo que una persona tenga que quedarse huérfana o en la miseria para ser un buen novelista o un gran músico. Pienso que es el mismo proceso creativo el pone el cerebro en ebullición, el que genera inquietud. De hecho, “crear” es inquietud. En cuanto a la segunda pregunta, me parece que a veces se confunde fomentar la felicidad o tratar de tener el cerebro en un estado de equilibrio, durante el mayor tiempo posible, con llevar una vida simple y facilona. Si uno está todo el día enojado, tiene su cerebro secuestrado. Si uno se somete todo el tiempo a mensajes negativos, se vuelve ciego y reduce la capacidad de la mente. Cuando observamos el panorama político actual, uno puede poner “verdes” a todos los partidos, ¿pero qué se consigue con ello? Quedarse instalado en la crítica y la queja resulta mucho más cómodo. Otra cosa es escribir un artículo, o bien organizar un colectivo o un partido. Uno necesita estar contento para hacer algo bien. Cuando se analizan las cosas desde un estado de contento, en el que se controlan la mente y las emociones, uno amplía su visión.

-“Tenemos la posibilidad de modificar nuestro cerebro, sólo tenemos que escucharlo y hacer aquello que nos ayuda a sentir bien”, afirmas. ¿Qué significa “escuchar” al cerebro?

El cerebro es, en primer lugar, toda la maquinaria primitiva de supervivencia y reproducción, con todas las emociones y conductas asociadas. Pero también la parte más “nueva” que se desarrolla con la evolución, la corteza pre-frontal, que es la más grande y la que más nos define como humanos. Tiene que ver con la razón y la lógica, y es la que permite el control de las emociones. Pues bien, se escucha al cerebro, pero también al cuerpo. Si uno está con una persona y siente dolor de estómago, ha de escucharse. Y respetarse. Trata de mimar a tu máquina. Aunque después uno pueda decidir si se enfada o no, si se amarga o no, porque tiene el control sobre sus emociones y su conducta. Lo importante es que si le enseñas al cerebro el camino del enojo, el cerebro funcionará habitualmente así.

-¿Qué consecuencias prácticas tiene la “neurofelicidad”?


El cerebro, que es el centro del sistema nervioso, gobierna todo el organismo. En otros términos, es la central eléctrica que rige cables y extensiones, al que llega toda la información de nosotros mismos y del exterior, el que reacciona con emociones e instintos y el que toma las decisiones. Es nuestra central de datos. El hecho de “estar bien” es agradable y beneficioso para el individuo en cuanto a su salud mental y física. Las personas felices enferman menos y viven más tiempo. En el ámbito laboral, se incrementa la motivación. Además, durante mucho tiempo hemos pensado que la felicidad es una meta, un lugar de llegada, cuanto realmente es el punto del que hemos de partir. Esa felicidad supone sencillamente “estar bien”.

-Pero a la gente común se le exige austeridad, competir hasta la extenuación, incluso se pondera la capacidad de sacrificio…


No creo en la moral del sacrificio, lo fundamental es hacer las cosas a gusto y con motivación. De lo contrario, no van a salir. Si uno no disfruta del camino, no llega a la meta. Y más que llegar a la meta, lo importante es recorrer la senda disfrutando.


Por Enric Llopis

Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208305