Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




21 de agosto de 2014

Dioses prohibidos



Decirle a alguien que sus tragedias fueron creadas  y elegidas en el interior de sí mismo no es algo fácilmente digerible para nadie. Se nos ha prohibido ser dioses. Se nos ha prohibido alzar la voz en medio de las multitudes y simplemente se nos ha relegado a un segundo plano en donde los otros, los símbolos y las religiones e incluso las instituciones del mundo han tomado control de la vida, de la manera más tradicional que se nos ha dado a conocer: la costumbre generacional.

Nuestra vida. Mi vida ha costado siglos enteros. He llegado a este punto después de millones de tiempos. Después de largas batallas, guerras y discusiones intelectuales referidas al sentido de la vida y a la adjudicación de la verdad por una parte del mundo que cegada, ha prohibido la celebración de las verdades múltiples, de la esencia más profunda de la vida, que no es otra cosa que la creatividad elevada a la máxima potencia.

No dudo que al escribir este texto una parte indicada y conocida me tache de loco. Otros argumentaran exceso de idealismo. Y precisamente para ellos es a quienes escribo, para los que rechazarán mis ideas, porque ellos simbolizan mi sombra y todas mis inseguridades que ahora yo he asumido. Yo estoy acá, ahora, presente y eterno, seguro, como un creador más. Estoy levantando árboles, construyendo nuevas versiones del mundo y derrumbando mis viejas y añosas estructuras mentales que no son sino el rechazo y la angustia que yo mismo me he profesado en algunas partes de mi alma.

Hablo a ustedes como si hablase a miles de espejos en donde veo mi propio rostro sin nombre y forma, sino como una mezcla de luces y sombras que conforman una totalidad que sin saborear he aprendido a amar. Cada mirada certera, cada rostro de sorpresas no es sino la manifestación más viva y delicada de mi alma que a través de cada uno de ustedes transita ahora a través mío.

Mis dedos vuelan. Se ha escrito un texto sin pensar o es quizá la eternidad la que ha hablado a través de mi persistente locura. Pero mi locura es razón de genialidad en sitios donde la mediocridad intelectual es la de saberse sabio y genio conforme al cumplimiento de las normas sociales y estéticas de un mundo que no es más que un sueño de sueños.

Por Emilio Díaz Barros


17 de agosto de 2014

Del autoengaño al engaño colectivo



Todo nuestro sistema de creencias se organiza durante nuestra infancia, basado en las palabras nombradas por las personas más influyentes afectivamente. La mayoría de las veces esa persona ha sido nuestra mamá. Lógicamente todo eso que mamá nombró, estuvo teñido por el punto de vista desde el cual ella observaba y comprendía la vida.

Luego crecemos… pero las interpretaciones, los recuerdos y las opiniones que emitimos, suelen seguir la línea establecida desde tiempos remotos. Podemos decir que casi todos los individuos crecemos usando una “lente prestada”. ¿Cómo sería una lente propia? Para que se haya organizado, deberíamos haber contado con adultos conscientes y dispuestos a observarnos y a preguntarnos a cada instante, acompañándonos en el despliegue de nuestros procesos afectivos íntimos.

La cuestión es que el auto engaño es muy habitual. Simplemente hemos crecido creyendo que somos “eso” que mamá ha nombrado: El más bueno, el más valiente, el más maduro, el más tonto o el más molesto. Luego disponemos nuestros escenarios desde esas miradas parciales, es decir incompletas.

¿Cómo podríamos superar esos auto engaños? En principio, aceptando las voces de los demás, sobre todo de quienes observan el territorio desde puntos de vista bien diferenciados. Porque no se trata de quien tiene razón, sino de ampliar la mirada.

Esto que ocurre habitualmente en nuestras vidas privadas, se plasma de manera análoga a escala social. Las comunidades somos la suma de muchos individuos -quienes incluso cuando las realidades internas, las experiencias y los sentimientos nos conduzcan a otro lugar- preferimos defender nuestras creencias engañadas y alejadas de nuestro ser esencial. Es automático. Por lo tanto, entre todos organizamos comunidades fáciles de engañar. Sostenemos ejércitos de personas aferradas a cualquier creencia dicha por alguien en quien delegamos poder y a quien no estamos dispuestos a contrariar. Como a mamá.

Por eso descreo de las transformaciones sociales si no vienen entrelazadas con procesos individuales comprometidos con nuestra realidad interior. Necesitamos abrir el juego. Precisamos no concordar ni alinearnos con nadie, revisando los estragos de esa lealtad emocional organizada durante nuestra primera infancia. ¿Por qué lo haríamos? Porque ya no somos niños. En cambio seguir creyendo fielmente cualquier cosa dicha con carácter y decisión, nos deja con las manos atadas.

Es muy fácil engañar a sociedades enteras, cuando la mayoría de quienes somos adultos hoy nos hemos alineado ciegamente a los deseos de mamá. Cualquier político lo sabe.

Por Laura Gutman


15 de agosto de 2014

La vida de los otros



Dejarse poseer por el espíritu de algún familiar o alguna persona que se está apoderando de mis actos es responsabilidad propia. Quien se deja poseer es uno mismo. Quien le da el poder a un ser cualquiera, sea padre, madre, estrella de rock, abuelo, maestro, amigo, tío, actriz, gobernador o modelo de pasarela, es al fin y al cabo uno mismo. Ya no somos niños ni adolescentes. Ahora si tenemos el control sobre nuestras vidas.  Ahora si podemos elegir a que prestarle atención.

Habría que preguntarse ¿Qué mandatos familiares se están apoderando de mis actos? ¿Quién es el que está actuando? ¿A quién estoy imitando? No se trata solo de venderle el alma al diablo, se le puede vender el alma al tío, a un ser encantador, al tipo de la publicidad que veo en la televisión, a un compañero de trabajo, etc. Y gratis. O peor aún, pagando un precio alto: ser el otro.

Si es mi propia esencia la que está caminando por la vida y es mi corazón el que me está llevando, estaré recorriendo mi propio camino. Malo, bueno, pero mío al fin. Ahora, si el que está dirigiendo mis actos es otro, estoy en problemas.

Puedo tomar consciencia sobre quién es el que se está apoderando de mí. ¿A quien estoy repitiendo? ¿Qué es lo que estoy repitiendo?

Hacer consciente esa inconsciencia puede ser revelador. Identificar la vida de quién estamos viviendo es un paso. Soltar a esa persona de la nuestra, es un salto. Un salto a vivir nuestra propia vida. Y no confundir desprenderse con escapar. Desprenderse es sacar esencialmente lo que está impidiendo que uno sea uno hacia afuera. Escapar será simplemente alejarse del cuerpo físico de quienes creemos que nos están haciendo daño. Primero habrá que soltarlos, luego se alejarán solos porque no tendrán nada que hacer a nuestro lado.

Por Gustavo Levín


8 de agosto de 2014

Determinación y coraje


Muchas veces nos llenamos de conceptos, morales o convencionalismos de lo que se suponen que deberían ser las personas y con ellos sus maneras de relacionarse. Dictamos juicios sobre los demás sin ni siquiera haberlos oído verdaderamente. Estamos faltos de COMUNICACIÓN BÁSICA.

Teniendo esto en cuenta, el bodhisattva motivado por el amor y la empatía, genera una “alta resolución para hacer frente a los enemigos próximos con los que se encuentra en el camino, a saber:

o      Enemigo del Amor, el APEGO: el verdadero amor es una expansión y expresión de apertura. Hay una aceptación plena y total del otro, sin esperar ni exigir nada a cambio. Nuestros deseos y expectativas pasan a un segundo plano en beneficio del otro. Este es el espíritu del servicio. El apego contiene un sentido de distanciamiento y separación del otro.

o    Enemigo de la Compasión, la PIEDAD: es decir, sentir pena por el otro, como si de alguna manera fuera distinto de nosotros. Nos preocupamos en exceso del otro y no le permitimos que viva su propio proceso. No sabemos acompañarlo a la distancia adecuada y muchas veces lo invadimos con una supuesta ayuda ofrecida por nuestra parte. ¿Queremos con ellos que nos reconozcan, que nos quieran, que nos autoricen? A veces somos tan egoístas que añadimos nuestro propio sufrimiento a las dolencias de los demás. La práctica compasiva es exitosa cuando disipa la crueldad; fracasa cuando produce pena o dolor.

o      Enemigo de la Alegría Compartida, la COMPARACIÓN: buscamos tener o ser algo más que el otro. Es un sentimiento de debilidad y falta autoestima. Desde que nacemos y nos encontramos en la cuna del hospital, empiezan las comparaciones: "Es más chiquito o más grande que…", "Tiene menos pelo que…", "Pesa más que…" Escuchamos hablar y vemos actuar a nuestros padres y a personas que admiramos y los imitamos. Adoptamos su forma de pensar. Así aprendemos a compararnos con los demás y a calificarnos de acuerdo a los resultados obtenidos. Así, el "yo soy más que," o "menos que…", pasa a formar parte de nuestro vocabulario diario. Y a partir de ese momento, las comparaciones nos acompañan a lo largo de toda la vida. A veces las hacemos nosotros mismos y en ocasiones las hacen los demás. Pueden ser en el aspecto físico, social, económico, intelectual, deportivo, etc., pero siempre tenemos que tener cuidado con ellas.

En cualquier caso la comparación tiene un aspecto positivo y uno negativo.

Es positiva cuando nos permite darnos cuenta de que existe una gran variedad de formas de pensar, sentir, actuar y vivir. Cuando nos sirve como guía o modelo para ciertos aspectos o cosas que deseamos aprender o cambiar.

Pero es negativa cuando la utilizamos para devaluarnos o devaluar a la gente que nos rodea. Para calificar a las personas como si fueran simples objetos. Nos provoca dolor y hace que nuestro bienestar dependa de los demás. Porque, desde este punto de vista, yo estoy bien, sólo si los demás están mal y al revés. Si los demás destacan más que yo, automáticamente "valgo menos" que ellos y por lo tanto, estoy mal. Esta última actitud fortalece los aspectos negativos de nuestra personalidad: Envidia, rencor, celos, etc., lo que fomenta la mentira y una visión rígida y limitada de la vida.

Cuando esto sucede, en un intento de no devaluarnos, nos centramos en encontrarle defectos a todo el mundo. Deteriorando nuestras relaciones, evitando que disfrutemos de los aspectos positivos de las personas que nos rodean y provocándonos un gran desgaste emocional.


o      Enemigo de la Ecuanimidad, la INDIFERENCIA: el equilibrio ante las experiencias no es lo mismo que el retirarse, el huir o el descuidar. Detrás de todo esto está nuestro temor y el miedo es de las emociones más limitadoras para desarrollar nuestra natural capacidad de abrirnos.

Se necesita de una alta resolución, firmeza interior y disposición exterior, para actualizar permanentemente el propósito: no hacer el mal, fortalecer el bien, ayudar a todos los seres. Los votos son como el viento que llena las velas de un barco, el navío de la aspiración al despertar universal, un impulso fresco y renovado que acompaña al bodhisattva a lo largo de toda la travesía.

Denkô Mesa

Enseñanzas Ango 2014