Para pensar sin pensar



"Aquellos que atraviesan el umbral del cielo,

no son seres carentes de pasiones

o que se han sometido a las pasiones,

sino quienes las han cultivado

y las han comprendido."


William Blake



26 de febrero de 2015

Saturación espiritual 2.0


En algún momento como humanidad, padecimos de secretismo en la información y ahora nos enfrentamos a algo en verdad mucho peor, el exceso de información. Demasiado ruido intenta llamar la atención de la gente en todos los ámbitos. Y lo referente a “desarrollo de consciencia”, “espiritualidad”, “new age” o como gusten llamarle, no está exento de esto.

La necesidad de pertenecer es algo fuerte que mueve a las personas a convocar y/o participar de meditaciones que hacen un llamado especial a que la humanidad se ponga a trabajar en temas que son ‘vitales’ para el desarrollo del planeta, consciencia, etc , y a eso podríamos  agregarle que algún ‘ser superior’ fue el que le dio la indicación.

La mayoría de las personas no se cuestionan mucho estos llamados y dan por hecho que como son temas “espirituales”, entonces seguramente será algo “bueno”. Es necesario un alto aquí,  el hecho de escuchar al corazón no significa apagar la mente ni verla con desprecio. Creo que de lo que se trata es darle a cada quien su lugar, participación e integración en nuestro ser y por supuesto en nuestra vida cotidiana.

Es necesario cuestionar la información, los ejercicios, los (en su gran mayoría) supuestos mensajes de maestros ascendidos o aliens, etc. No todo lo que se percibe o recibe siempre viene con la mejor intención. También existe la manipulación en niveles más sutiles y muchas de esas entidades de otros planos aprovechan nuestra ignorancia e ‘inocencia’ en todo esto.

Seamos humildes y reconozcamos que apenas nos estamos desarrollando en los aspectos más  internos y nos falta mucho por descubrir y desarrollar. La vida es más compleja de lo que creemos y claro que también puede ser muy sencillo caer en fantasías, creyendo que si sólo actuamos con buena intención, lo demás no importa.

Por Rafael Martínez

23 de febrero de 2015

Crear e innovar en el aula



El desiderátum de la educación actual parece que pasa, y coincidimos una mayoría,  por la creatividad e innovación en nuestras aulas. Una aspiración que difícilmente alcanzaremos si no rompemos con las rutinas diarias y las formas de enseñar y aprender habituales.

No es difícil observar aulas donde el libro de texto es la base de la enseñanza, donde los alumnos continúan realizando una serie de ejercicios repetitivos y donde a la postre lo que cuenta es una serie de exámenes memorísticos.

De todos modos, también es fácil encontrar prácticas docentes donde el alumno tiene un papel activo en el aula. Espacios donde se alterna la pizarra con otra serie de actividades, dentro y fuera del aula, con una finalidad: crear para aprender y aprender para crear. Docentes que se replantean sus programaciones, diseñan y experimentan nuevos cauces -innovan- para llegar al alumno.

Parece que legisladores y dirigentes, con escasa visión de futuro y del presente, no han advertido que uno de los objetivos de la educación pasa por emocionar y motivar al alumno para que ahonde en su aprendizaje. Por ello, la creatividad e innovación son magníficas herramientas para lograr estos propósitos. Modificar currículos de las materias en base a diferentes contenidos y cargas lectivas diversas, no supone avance alguno en este aspecto. Incluso, estamos retrocediendo si aplicamos reválidas o pruebas diagnósticas que sólo nos llevan a enseñar buscando unos resultados uniformes.

En mi opinión, a través de las siguientes acciones, podemos acercarnos al objetivo anteriormente mencionado:
  • Provocar la curiosidad
  • Activar al alumno: protagonista en el aula
  • Aprender de forma significativa

Provocar la curiosidad es tarea complicada, pero fundamental, para captar la atención del alumno. La neurociencia y la experiencia nos dicen que un alumno curioso aprende de forma natural más fácilmente. Pero, ¿cómo encender la curiosidad? Francisco Mora en su libro Neuroeducación nos ofrece diversos recursos:
  1. Comenzar la clase con algo provocador: frase, dibujo, pensamiento…
  2. Presentar un problema cotidiano al principio de las clases para despertar al alumno.
  3. Crear una atmósfera para el diálogo por parte de los alumnos, que los alumnos no se vean cuestionados.
  4. Dar tiempo para que algún alumno desarrolle algún argumento y se vea así motivado para encontrar solución al problema planteado ante los demás.
  5. Incentivar a que el alumno plantee problemas de forma espontánea.
  6. Introducir elementos durante la clase que impliquen incongruencia, contradicción, novedad, sorpresa, complejidad, desconcierto, incertidumbre…
  7. Procurar la participación activa del estudiante
  8. Reforzar el mérito y el aplauso ante una buena pregunta o resolución
  9. Modular pero no dirigir la búsqueda de respuestas y menos proporcionar la resolución del problema
A estas nueve propuestas, le añadiría el humor como ingrediente fundamental en el aula. Un humor que puede servir para provocar, transgredir, romper el tedio o acercarnos al alumno. Un acercamiento vital para aproximarnos a la memorabilidad a través de las emociones; si logramos emocionar el aprendizaje fluirá irremediablemente.

Por otro lado, tenemos la opción de activar al alumno en el aula:  el alumno como protagonista del proceso de enseñanza y aprendizaje. Es imprescindible que el alumno reflexione, lea, discuta, utilice herramientas TIC o TAC y elabore sus propios contenidos. Pasar del alumno espectador a un alumno prosumidor que, además de aprender del docente, es capaz de producir recursos propios de calidad.

El uso de metodologías activas es un medio básico para brindar este papel protagonista al alumno. El aprendizaje por proyectos (PBL), el aprendizaje cooperativo, el aprendizaje-servicio (ApS), el aprendizaje basado en problemas, el desarrollo de las inteligencias múltiples, el pensamiento visual, flipear la clase, etc. son posibilidades a nuestra disposición para abandonar la pizarra o la cómoda silla del profesor y ponernos a trabajar junto a los alumnos.

Por último, y no menos relevante, es la experimentación del aprendizaje significativo. Un aprendizaje que tiene lugar cuando conectamos los conocimientos y experiencias previas del alumno con los nuevos conocimientos. Pasar de un aprendizaje basado en fichas o libros de texto a un aprendizaje que conecta con el mundo real. Dejar de lado o minorar el aprendizaje mecanicista y basado en la pura memorización, a un aprendizaje donde el alumno y el docente deben procesar la información  y actuar como un disc-jockey que mezcla lo que considera más relevante (Reduvolution (2013) de María Acaso.

El aprendizaje significativo implica trabajar el concepto del Entorno Personal de Aprendizaje (PLE) como sistema que permite al alumno y al docente (estudiante permanente) tomar el control y dirigir su propio aprendizaje gracias a sus herramientas TIC y redes personales. El PLE como ecosistema que facilita la comprensión y el aprendizaje autónomo del alumno.

Probablemente no existe una fórmula mágica para educar y formar alumnos más creativos o innovadores, pero sí resulta evidente que la educación actual debe transformarse a un ritmo más ágil. Y en este cambio, los docentes somos, pese a la normativa educativa, los intérpretes principales.

Por Óscar Boluda Ivars

Fuente: http://ined21.com/crear-e-innovar-en-el-aula-tres-acciones/

22 de febrero de 2015

La libre apropiación del cuerpo


¿Por qué tratamos a nuestro cuerpo como algo extraño, como una cartografía completamente ajena? ¿Por qué nos da tanta pena habitarlo? Pareciera que le pertenecemos a las masas, que nuestro cuerpo, único, es un objeto más dentro de un mercado. ¿En dónde nos perdimos? 

Todos, absolutamente todos, nacemos empoderados, conectados con la Luz. Así es que, ¿por qué permitimos esta globalización? ¿En qué momento cedimos el poder de algo que nos pertenece en su totalidad?

Creo en la inminente necesidad de reapropiarse de uno mismo, de volver al amor propio, al abrazo infinito. Retornar a completarnos, respetarnos y nutrirnos de lo que verdaderamente nos hace bien.

Sugiero tomar de nuevo el cuerpo como territorio sagrado. Delimitar su inicio, su fin, a mano propia. Sacarlo de la masa y convertirlo en lo que es: algo irrepetible, bendito.

Necesitamos regresar a la apropiación de lo único que nos pertenece. No es la tierra, no es el otro, no son los objetos. Lo único que es nuestro es este recipiente en donde un Universo entero descansa, sigiloso, en espera de ser despertado.

Regresemos, pues, a nosotros. Dejemos de buscar las respuestas afuera, en otra parte. Todo yace, todo duerme, dentro. Al apropiarnos del cuerpo de nuevo deduciremos que también el alma nos pertenece. Y de ahí, un entendimiento profundo surgirá.

Retornemos a la individualidad. Borremos toda aquella información insertada y exploremos, con ojos nuevos, para saber qué es lo que realmente nos gusta. ¿Qué queremos vestir? ¿A quién queremos amar? ¿Con quién queremos compartir este mundo, propio? ¿Qué necesitamos decir, desde nuestra trinchera?

Recordemos que nadie puede hacer nada si no se gobierna, de inicio, a sí mismo. Y perderlo todo significa dejar que otro tenga el poder sobre lo que te pertenece como derecho divino.

Por Xandra Orive

Fuente: animal espiritual

21 de febrero de 2015

La ciencia de la mente: un diálogo entre Oriente y Occidente


Lo que sigue es un glosario (o centón, como llamaban los antiguos a los fragmentos de obras ajenas transcritos de acuerdo a un modo personal) proveniente del simposio La ciencia de la mente: un diálogo entre Oriente y Occidente, auspiciado por la Facultad de Medicina de Harvard en marzo de 1991 con la participación de especialistas en medicina, psiquiatría, psicobiología, neurobiología, educación, religiones comparadas, budismo indotibetano y el Dalai Lama como invitado de honor.

“El razonamiento era claro: si las técnicas de meditación sencillas producían cambios fisiológicos tan importantes como la reducción del metabolismo, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y el ritmo respiratorio […] ¿cuáles serían los efectos de las técnicas de meditación superiores? ¿Podrían revelar quizá interacciones mente-cuerpo más sorprendentes?”. Henry Benson, doctor en Medicina.

“El historiador Arnold Toynbee predijo que uno de los sucesos más importantes del siglo XX sería la llegada del budismo a Occidente. Podría serlo en un sentido especial para la psicología moderna: estamos despertando al hecho de que hay una ciencia de la mente más antigua y quizá más sabia que la nuestra y de que su expresión más plena está en el budismo. […] 

El budismo plantea a la psicología moderna dos hechos: que el estudio sistemático de la mente y su funcionamiento se remonta a mucho antes de la era cristiana, y que ese estudio se halla presente en el núcleo básico de la vida espiritual. […] 

Todas las religiones universales importantes poseen una psicología esotérica, una ciencia de la mente, normalmente poco conocida por sus seguidores seglares. En el islam, por ejemplo, se encontrará en el sufismo; en el judaísmo, en la cábala; en el cristianismo, en los manuales de meditación monásticos. En el budismo, la ciencia de la mente clásica se denomina abhidharma […]

Como cualquier sistema psicológico completo, describe con minuciosidad el funcionamiento de la percepción, la cognición, el afecto y la motivación. Como modelo dinámico, analiza las raíces del sufrimiento humano y el camino para salir de ese sufrimiento: el mensaje principal del budismo expresado en el lenguaje técnico de una psicología”. Daniel Goleman, doctor en Filosofía.“

[…] El budismo podría servir de puente entre el materialismo radical y la religión, dado que se considera que el budismo no pertenece a ninguno de los dos campos. Desde el punto de vista de los materialistas radicales, el budismo es una ideología que acepta la existencia de la mente, siendo por ello un sistema basado en la fe, como otras religiones. No obstante, dado que el budismo no acepta el concepto de un Dios Creador, sino que resalta la confianza en uno mismo y el poder y las posibilidades del individuo, las otras religiones lo consideran una especie de ateísmo. Al no aceptar ninguna de las dos partes que el budismo pertenezca a su campo, los budistas tienen la oportunidad de tender un puente entre los dos”. El Dalai Lama.

“Si unos individuos tan potencialmente coléricos y codiciosos como podemos ser, inventasen, en un planeta frágil, armas químicas, nucleares y biológicas de inmensa capacidad de destrucción masiva, las pusiesen en manos de dirigentes que tampoco tuviesen la capacidad para controlarse a sí mismos y que desencadenaran luego los horrores inconcebibles de una Tercera Guerra Mundial […] si tal cosa tuviese lugar, entonces [se] diría acertadamente que la decisión grecorromana y euroamericana de manipular el entorno sin entender ni controlar el yo era una decisión fatalmente viciada, necia y monstruosa, tomada por seres humanos que pensaron trágicamente que eran, como occidentales, los más grandes e inteligentes del planeta”. Robert Thurman, doctor en Filosofía.

“El diálogo entre las psicologías del budismo y de Occidente representa el encuentro de paradigmas dispares, cada uno con su visión especial de la experiencia humana. Y es precisamente este encuentro intelectual donde puede desarrollarse una síntesis completamente nueva, […] una espléndida oportunidad de fecundación cruzada. La ciencia cognitiva puede encontrar una profusión de ideas e hipótesis sobre las posibilidades de ampliar los límites de la atención. […] Las ciencias de la mente budistas han acumulado conocimientos sobre la capacidad de la mente para influir en el cuerpo que superan todo lo que se sabe en Occidente”. 

Por David M. Bear, doctor en Medicina


20 de febrero de 2015

Apuntes sobre el talento


La escuela, que es muy exigente para muchas cosas, no lo es con el talento. Al contrario, lo considera un dato genético y pasa de él. No parece creer que ella y él tienen algo que ver.

Yo creo que sí. Creo que el talento se trabaja y se forja. Y que por lo tanto la escuela puede trabajarlo y forjarlo, o no. Y creo que no lo hace. Que cuando lo niega porque lo considera una sobredeterminación estructural de algunos niños, se pierde una oportunidad y genera algunas atrofias; que esa abstención deja cicatrices en los niños y en la institución.

Y creo –también– que el talento no es una carga genética. (Me refiero al talento en sentido amplio; talento del tenista y talento del fotógrafo y del biólogo). Ni siquiera creo que sea una carga simbólica inalterable y predeterminada. El talento es un camino de desarrollo. El punto de partida no importa, importa la evolución relativa. Por lo menos, eso es lo que debe importarle a la escuela. El valor absoluto de ese talento dejémoslo para los brokers de turno, aquellos que especulan ahora con el talento que puede haber en el futuro y firman contratos precoces. Los futurólogos del éxito.

La escuela tiene que asumir total responsabilidad sobre la progresión relativa de sus niños. Cómo cada uno de ellos es cada vez mejor. En todo y, sobre todo, en lo que el niño se interesa en mejorar.

Debemos empezar por exigir a nuestros alumnos que construyan un desafío; su desafío. En nuestra escuela nueva no se vale no tener desafíos. Desafíos sostenibles, no efímeros de rápido cumplimiento o anticipado fracaso. No aceptamos el desafío de ganar un torneo; trabajamos con el de jugar mejor. Y esos desafíos deben ser explícitos y densos; necesitan comprometer esfuerzos y consumir tiempo y foco. Cada alumno de nuestra escuela debe encarnar en un desafío y aceptar que se juega en él. El talento –entonces– será la evolución de cada quién en su desafío específico.

La escuela nueva debe tener una línea de trabajo para esos talentos; una línea que no dependa de cada talento, sino que se aplique en general al desarrollo de talentos. Para esa línea de trabajo puedo aquí dejar algunos trazos.

Hablemos del foco. En general, los niños no enfocan, no se enfocan, y la escuela tampoco. Somos todos malos generalistas. Saltamos de una cosa a la otra y sobrevolamos desinteresadamente casi todo. Picoteamos. Y debemos hacer lo contrario. Nuestros niños tienen que tener un perfil de comportamiento un poco obsesivo con su desafío. No importa cuál, pero con obsesión. Pensar en él; vivir en él; entrenar, observar, probar, competir en él. Foco. Que nuestros alumnos se distingan porque saben lo que quieren y se abocan a eso. (No sería poco, ¿verdad?). No importa si se equivocan; corrigen y siguen. 

El proceso de la escuela no radica en el objeto de trabajo (el piano), sino en el sujeto (el niño) que tras su desafío con el piano se está desarrollando. Será mucho mejor matemático aquel niño que desde los 5 a los 10 años se obsesionó y se desafió con ser mejor en el piano que aquel otro que sobrevoló todo y jugó demasiado videogame. Que jugó videogame sin haberse desafiado a ser realmente bueno en los videogames, quiero decir.

Esfuerzo, logro y frustración. Una vez que estableces lo que quieres, entonces viene el compromiso y el esfuerzo por lograrlo. No hay logros inmediatos, ni uno. Los logros son relativos a ti mismo y para eso hace falta esfuerzo. No vale que gane el que ya ganaba; debe ganar sobre sí mismo o ganar en otras ligas, más exigentes. Pero antes de ganar, incluso antes de competir, hay esfuerzo. Tesón; ejercicio; microejercicio; desarrollo de los automatismos necesarios. Acostumbramiento. Oficio. Continuidad. Complicidad. Nadie será bueno en aquello que no conozca. Y que lo conozca en serio, por dentro y a fondo.

No importan los logros públicos en nuestro trabajo con el talento. Importan los logros relacionados con los desafíos. Por eso es muy importante armar bien los desafíos, para que luego un logro sea un logro.

Habrá frustración; tiene que haberla. Recibir reveses. Escuchar críticas. Oír juicios. Ser juzgados. Perder. Ganar y que no valga de nada. Comer furia. Querer dejar. Sufrir un poco. Estar bravo. Llorar. La escuela tiene que poder hacer su juicio honesto sin que por eso los niños se quiebren o las familias se escandalicen. Un no porque no; un porque eso así no nos vale; porque faltó tesón, voluntad, tenacidad. O faltó brillo, magnetismo, ángel. O inteligencia o fuerza o lo que haya faltado. Porque el juicio y el desafío van juntos.

Para que la escuela corra con esta lógica tiene que recuperar su derecho a juzgar; y a juzgar subjetivamente, según su juicio. No importa si se equivoca; mucho mayor equivocación es no hacerlo.

Pero cuidado: desafío no es resultado. Resultado es qué sucedió; desafío es por qué debo hacerlo. El proceso no se justifica en el logro, sino en el sentido del proceso mismo. Nada tienen que ver una cosa con la otra. Aprobar el examen a la universidad es un resultado; ser un matemático o un carpintero es un desafío.

Fuente: pijamasurf