Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




30 de octubre de 2014

Encuentros poderosos


Vivimos en una sociedad a la que le conviene tenernos separados. Un encuentro cambia la vibración del planeta entero, ajusta, equilibra, abre puertas y dimensiones.

Creemos que hacemos las cosas para un fin, cuando en realidad las hacemos para salir y encontrarnos a las personas que hacen falta en nuestra vida, las que llegarán a enseñarnos las lecciones que debemos aprender o las que se acercarán para que les mostremos algo que a ellos les hace falta. Nada es casualidad, todo gira dentro de un perfecto acomodo entre el espacio y tiempo, un plan que el bien llamado “destino” tiene para nosotros.

 
Pero, lamentablemente, estamos tan sumergidos en la velocidad de la vida cotidiana que dejamos pasar de largo a las personas que debíamos de encontrarnos. Tal vez hayamos tenido que transitar todo un camino rocoso y arduo para poder llegar a un solo fin. Una calle tranquila por donde pasará esa persona tan especial con la que tenemos que conectarnos.
 
Muchas veces nos pasa que sentimos el impulso, se activa el foquito de alarma pero frenamos todo pues nos entra el miedo, ya que el otro es un completo desconocido. Empezamos a pensar ¿qué tal si nos tacha de locos? ¿Qué tal si nos rechaza? Yo a eso lo llamo el sentido de separación.
 
Vivimos en una sociedad a la que le conviene tenernos separados, una sociedad que nos llena de barreras imaginarias y de emociones que sustentan la existencia de dichas barreras. Nos han metido el chip interno para que no nos acerquemos entre nosotros, para que no nos toquemos, para que no nos encontremos. Pues un encuentro es poderoso, un encuentro cambia la vibración del planeta entero. Un encuentro ajusta, equilibra, abre puertas y dimensiones. Por lo tanto se vuelve “peligroso“.
 
Les propongo que la próxima vez que salgan a la calle lo hagan con el corazón abierto y los ojos puestos en el quizá, en esa chispa de luz que sale cuando dos personas coinciden, de nuevo. Pues, si lo analizamos, todos son reencuentros. El tiempo no existe y no es lineal, con esto afirmamos que nuestra alma ya sabe quién es la otra persona y nuestro corazón ya le conoce, aunque la mente nos engañe y nos diga todo lo contrario.
 
Permitámonos encontrarnos, recordarnos, reconocernos. Dejar a un lado lo que no nos deja hacerlo. Hay tantas personas esperando, tantos seres queriendo que toquen su camino y nosotros ni siquiera nos atrevemos a mirarlas, a tocarlas, a descubrir quienes son y por qué cruzaron por nuestro camino.
 
 
Por Xandra Orive
 
 

29 de octubre de 2014

El sentido oculto de la tragedia


Toda  tragedia es una puerta abierta, junto al dolor puede aparecer un sentido completamente nuevo para nuestra vida.

Cuando algo inesperado nos sucede, trayendo dolor y desesperanza, cuando imprevistamente se desvía el rumbo de nuestras vidas, solemos preguntarnos por qué a mí, por qué en este momento o incluso por qué dios me ha castigado. Ninguno de nosotros está exento de sufrir una pérdida irreparable. Y normalmente lloramos por nuestra desgracia, cosa que es totalmente lógica y humana.

Con frecuencia el hecho traumático nos paraliza y nos somete a la inmovilidad emocional. Otra opción que requiere coraje y una gran generosidad de nuestra parte es modificar la pregunta: no seguir dando vueltas sobre por qué nos ha sucedido cierta desgracia, sino para qué ha llegado a nuestra vida este acontecimiento, hacia dónde nos conduce, qué nos impone, qué nos impide, qué caminos nos obliga a emprender, qué enseñanzas nos acerca, qué nos falta aprender y sobre todo cuál es el beneficio oculto.

Toda  tragedia es una puerta abierta. Si ya hemos perdido el miedo y decidimos ir al fondo de las manifestaciones de nuestro destino, descubriremos que junto al dolor puede aparecer un sentido completamente nuevo para nuestra vida. Entonces puede aparecer la preocupación por el bienestar ajeno. Más que nunca tendremos la certeza y el deseo de estar al servicio del otro, de crecer a favor del otro, de cuidar, brindar apoyo y cobijo, sea quien sea ese otro.

Entonces surgirá del fondo de nuestro ser una vitalidad, una fuerza y un fuego ardientes capaces de romper las barreras del tiempo. Haremos lo que sea por un niño, por un animal, por una planta, por una obra de arte, por una idea, por un proyecto o por un sueño. Sabremos que no hay medida para la ofrenda  y que la vida es muy corta, que siempre habrá alguien que estará en peores condiciones físicas o emocionales que nosotros. Ya hemos atravesado las puertas de nuestro infierno personal. No importa si algo malo nos sucede. Lo único que importa es qué hemos aprendido y qué personas se han cruzado en nuestro camino gracias a la tragedia que nos ha tocado vivir.

A veces el sentido pleno aparece muchos años después de la pérdida o del hecho doloroso en sí mismo. Al mirar hacia atrás sabemos que ese acontecimiento sufriente fue la gran oportunidad de nuestra vida, lo que nos ha permitido ser quienes somos. Y que fue sólo cuestión de esperar que se manifestara en el orden esencial.

Por Laura Gutman

Fuente: http://www.animalespiritual.com/el-sentido-oculto-de-la-tragedia/


 

26 de octubre de 2014

Budismo Zen en la sociedad actual




Por un lado el budismo es muy atractivo para el mundo moderno porque es razonable y tiene bases científicas. Así se constata con  el avance de las neurociencias, gracias a las cuales sabemos cada vez más del funcionamiento del cerebro. Recientes investigaciones indican que las personas que practican meditación presentan, en determinadas zonas del cerebro, una mayor cantidad de pliegues en su corteza cerebral. Se considera que cuantos más pliegues tenga la corteza cerebral, mejor es el funcionamiento del cerebro. 

Por otra parte, también se ha constatado que las personas que meditan regularmente tienen una especial capacidad para cultivar emociones positivas, mantener la estabilidad emocional e implicarse en un comportamiento plenamente consciente.

Sumado a esto vemos que a la gente moderna le gusta el enfoque no dogmático del budismo: “No crean nada de lo que les digo por respeto a mi persona, pruébenlo, analícenlo, como si estuvieran comprando oro”. 

Mi presencia esta tarde en este foro tiene como principal motivación acercar este hermoso Camino de Conocimientos a los estudiantes de la facultad. Les propongo que partamos de algunas preguntas que aparecían anunciadas en el cartel de la conferencia. Son cuestiones de interés general para todos. En cualquier caso, al final de la intervención, podremos compartir un diálogo con preguntas y respuestas sobre lo que sientan quieran conocer del budismo zen.

·        ¿Cuál es el significado del budismo zen para nuestra sociedad?
·        ¿Qué sentido puede tener en un mundo nihilista supuestamente sin valores el budismo zen?
·        ¿Es una filosofía, una religión, un planteamiento estético, un "estilo de vida", una moda?

¿QUÉ VEMOS SI ABRIMOS BIEN LOS OJOS?

El punto de partida es la ignorancia. El Budismo enseña que los seres humanos sufren por un error cognitivo. Elegimos de forma inconsciente nuestros actos, palabras y pensamientos debido a una ausencia de atención, esto es, vivimos en el aire y dispersos.

Por ejemplo, viendo los telediarios, escuchando la radio, navegando por la red o poniendo la mirada en nuestro alrededor, ¿qué ven?

(espacio de reflexión)

La codicia por el dinero es el reino del nuevo dios llamado “Mercado”. Los poderosos acumulan recursos y propiedades mientras que el resto del planeta lucha por sobrevivir. Los gobiernos y sus políticas de mentira se han convertido en marionetas al servicio del egoísmo. Las redes sociales son ahora los nuevos lugares de culto donde se acude para compartir contenidos vacíos e inconsistentes. Hoy en día no tener una cuenta abierta en Internet, es sinónimo de bicho raro. Asimismo vemos cómo brillan los deportistas de élite en sus nuevos altares, fantoches creados de manera inteligente por la maquinaria del poder. Baste recordar los grandes ritos ceremoniales en el Mundial de fútbol de Brasil.

También lo vemos en los grandes musicales o cualquiera de los programas televisivos llamados basura. Como digo, éstos son los signos de las nuevas religiones que nos motivan a seguirlos ciegamente para conseguir el supuesto bienestar mientras las epidemias se cuelan en los países como una nueva moda y otras siguen matando a millones de personas y las naciones se quedan con los medicamentos que ellas mismas fabrican, o bien los aumentan de precio para ahogarse en la riqueza. Imperios en decadencia que pretenden mantener su primacía bombardeando en una guerra virtual, pero que trae consigo muertos de verdad y el desastre social, físico y económico a puebos enteros.

Sólo mirando cada uno hacia sí mismo, curando su propio odio, su propia decepción, su propio enfado podremos evitar colaborar en ese despropósito de proyecciones inconscientes. Los culpables no son los otros. En el budismo no se habla de culpa, sino de asunción de la propia responsabilidad. Debemos pasar del yo al nosotros. Si te salvas tú, se salva el mundo, aunque ésta es una enseñanza iniciática que sólo aquellos que han comprendido la profundidad de lo que son, pueden entender.

Desde mi punto de vista, la gran noticia es que siempre brilla la esperanza global porque en cada uno de nosotros existe la misma capacidad, la de cultivar y desarrollar el ejercicio de la atención, gracias a la cual cualquiera puede sacar unos minutos, ralentizar el ritmo de la mente, mirarse en el espejo de la conciecia y reflexionar. Parar, sólo parar un momento y observar.  

INDAGAR Y DESCUBRIR quiénes somos, qué es verdaderamente este sueño llamado realidad, qué estamos haciendo con el planeta, con nuestras relaciones, con nosotros mismos, cuál es nuestro propósito en la vida, qué es para cada uno el amor, cómo llegar a la verdad de sí mismo. El descubrimiento está al alcance de cada uno de nosotros, pero nadie podrá hacerlo por nosotros. Esto es lo que ofrece el Budismo Zen en la sociedad actual, aporta un natural refresco a la mirada perdida y un redescubrimiento del poder de la contemplación atenta.

Denkô Mesa

(Fragmento de la conferencia pública impartida el pasado 22 de octubre en la Universidad de La Laguna)

 

24 de octubre de 2014

¿Religión o espiritualidad?


Quienquiera que intenta continuamente conseguir una visión cada vez más clara de la realidad y de nuestro lugar en ella – cualquiera que sienta esta atracción por la claridad como una pasión – está, en ese sentido, llevando una vida espiritual.” – Nathaniel Branden

Religión y espiritualidad son dos cosas diferentes. La religión se define como la creencia en Dios (o varios dioses) y pertenece, ante todo, al dominio de rituales y prácticas asociados a la adoración a ese Dios o dioses. Por su parte, la espiritualidad se vincula con la evolución de la consciencia, por tanto, nace de la persona y se desarrolla en ella.Sin duda, la religión puede inspirar la espiritualidad o puede conducir a la conquista de un mayor grado de concienciación, pero considero que debemos dejar de confundir religión con espiritualidad y comprender la diferencia.

Al parecer, no existe una definición precisa de la palabra “espiritual” y como yo lo veo, esa es una de las muchas dificultades que se presentan cuando queremos examinar el tema. Parece que no existe lanecesidad de aportar definiciones transparentes que nos ayuden a comprender su importancia. Con frecuencia, la actitud de la gente al respecto es: “Ah, tu sabes a lo que me refiero con el término “espiritual” o bien, “Usted sabe lo que quiero decir con la palabra Dios”. Así, las personas podemos hablar extendidamente sobre estos grandes temas sin proveer ninguna claridad a los mismos. Pero yo pienso que la nitidez con la que comprendamos los conceptos es clave para evaluar el camino que hemos tomado. Se trate de una religión o de la espiritualidad o, si fuese el caso, de ambas.

Así que vayamos a la raíz de la palabra “espíritu” que, originalmente, significa “respirar”. Para Aristóteles, hablar de espíritu era referirse a aquello en virtud de lo cual un organismo tiene vida. El espíritu pertenecía al soplo de la vida. Hoy en día, cuando nos referimos a una persona que tiene “mucho espíritu” en realidad tratamos de decir que está lleno de vida. Por otro lado, cuando decimos que el espíritu de alguien “se ha roto”, estamos haciendo alusión al hecho de que se ha extinguido su voluntad de vivir. Estos dos ejemplos nos permiten concluir que “espiritual” es un término que está íntimamente relacionado con la fuerza vital de alguien o el principio vital de algo. Así, un componente central de la espiritualidad es el término vida, que también puede relacionarse con la consciencia. La consciencia es el atributo esencial de la espiritualidad porque estamos llenos de vida cuando tenemos discernimiento y claridad sobre lo que ocurre fuera y dentro de nosotros.

Así, queda claro que la “espiritualidad” es todo aquello perteneciente a la consciencia. Es un término que se contrapone al de “material” porque evoca todo lo impalpable. Cuando nos referimos a una persona como alguien “materialista” es evidente que queremos decir que se trata de alguien que está más preocupado de lo normal por el mundo físico, por las cosas que puede tener y por la gratificación inmediata. En contraste, vinculamos a una persona “espiritual” con alguien que se ocupa por los aspectos de la vida que trascienden y por el desarrollo y comprensión de aquello que se manifiesta más allá de lo que podemos ver y sentir. (Desde luego, las personas espirituales no tendrían por qué despreciar lo físico, lo temporal y lo mundano. )

Lo primero a saber es que la religión por sí misma no implica necesariamente la consecución de objetivos espirituales. En algunos casos apoya la ilusión de una espiritualidad pero, en otros muchos, conduce a las personas en la dirección opuesta. Asistir a la iglesia, escuchar el sermón, cantar los himnos religiosos o hablar de Dios puede hacernos creer que practicamos una vida espiritual, pero si logramos acercarnos más a estos hechos y analizamos lo que una persona predica con lo que realmente siente y piensa, nos daremos cuenta que puede haber una abismo de distancia. A veces las prácticas que hemos seguido a pie juntillas y que no hemos objetado nunca, pueden aportarnos el suficiente grado de satisfacción para hacernos sentir cómodos; pero esa comodidad no es igual a crecimiento. A veces, es  justamente lo que nos impide  cuestionarnos qué tanto sentido nos hacen nuestras creencias y qué tanto contribuyen a nuestro bienestar personal. De ahí que debemos hablar más a fondo de la espiritualidad… ¿Qué es y cómo se practica?

Ha quedado claro que cuando hablamos de espiritualidad no nos referimos a ninguna creencia religiosa en particular. La espiritualidad se refiere específicamente a la capacidad evolutiva que un individuo tiene de su consciencia. La evolución de la consciencia nos ofrece una visión de la realidad y de nuestro entorno superior a la que se percibe ordinariamente cuando se observa el mundo por medio de los paradigmas personales, los filtros de una cultura impuesta y la práctica de ciertas tradiciones que no se examinan en absoluto. La espiritualidad es un camino donde las personas tienen oportunidad de encontrar respuestas y sentido a su vida, donde gran parte del progreso descansa en el autoconocimiento, una apreciación más profunda de lo que realmente importa en la vida, una percepción más amplia de la realidad, una mayor comprensión de las dimensiones del ser humano y un grado de serenidad más elevado. Y todo ello sin tener que profesar una religión, incorporar una filosofía de vida específica o contar con una práctica meditativa.

Sin duda, son muchas las personas que al emprender un camino espiritual necesitan complementarlo con alguna disciplina de carácter religioso o místico y, por ende, del concepto personal que tengan de Dios. Sin embargo, lo que quisiera dejar en claro en los siguientes párrafos es que limitar nuestra comprensión de la espiritualidad a una inclinación por Dios, es restrictivo. Reconozco que este planteamiento es controversial para quienes tienen una fuerte creencia en Dios, pero me gustaría explicar en qué me baso para hacerlo.

Partamos del hecho de que el término Dios significa algo considerablemente diferente para cada persona y es un craso error pensar que tales diferencias carecen de importancia. Para la gran mayoría de la gente la “espiritualidad” significa única y exclusivamente una preocupación muy seria de conocer y amar a Dios. Pero la espiritualidad es mucho más que eso. No basta con creer en Dios (y de hecho, no es necesario creer en Dios). Un individuo que vincula su espiritualidad a la creencia de Dios necesita desterrar cualquier ambigüedad sobre el concepto que tiene de El. Es decir, necesita tener absolutamente claro quién es Dios en su vida y no tener duda alguna de cómo participa en ella y en la evolución de su consciencia. Si la evolución de la consciencia se da como fruto del cuestionamiento que hacemos de nuestras creencias para ir más allá de lo que vemos, aquí evidenciamos que religión y espiritualidad son dos cosas muy diferentes. Estrictamente hablado, la religión no puede ofrecer el cuestionamiento de nuestros paradigmas como lo hace la espiritualidad, porque de hecho, se basa en creencias y rituales que deben respetarse tal como son.

De tal manera que es muy importante que aceptemos que pueden haber personas religiosas que carecen de espiritualidad y personas espirituales que carecen de religión. Más importante que esto es darnos cuenta que las creencias particulares de cada individuo no necesariamente determinan su sentido de integridad personal, su grado de honestidad, su interés por la justicia, su bondad, inteligencia, ambición, productividad y recursos para luchar contra la adversidad, ni mucho menos su capacidad para disfrutar de la vida. En cambio, la espiritualidad parece ser un ingrediente de gran impacto en todos estos aspectos que se mencionan, lo que me ha llevado a concluir que, más allá de la religión que una persona pueda profesar, la vida espiritual que tenga es clave para su evolución como ser humano.

Como ustedes mismos pueden empezar a notar, el término “espiritualidad” se emplea en la generalidad de una forma muy diferente a como he venido planteándolo en estas líneas. Como hemos visto, el significado de espiritualidad atañe a la consciencia y a las necesidades y al desarrollo de la misma. En otras palabras, una persona que se compromete con el conocimiento de sí misma y con su crecimiento personal, es alguien que está recorriendo el camino de la espiritualidad. La espiritualidad es un compromiso con el autoconocimiento y el autoexamen y es una forma de vida. Tiene como finalidad la comprensión de nuestro fuero interno y de la realidad que nos rodea. Una práctica espiritual solo puede serlo en la medida en que  tiene la intención (mediante un ejercicio continuado) de alcanzar una visión cada vez más clara de la existencia humana y del lugar que ocupamos en este mundo. La espiritualidad pertenece ante todo al terreno de la experiencia, a la relación directamente personal que se tiene con uno mismo, con otros, con el universo – y con Dios, si se cree en El -. Si una persona siente pasión por comprender esa realidad y por clarificarla, esa persona está llevando una vida espiritual.

Así, una auténtica espiritualidad se refleja en el modo de vivir de una persona y es su capacidad para experimentar la vida a título personal. No se trata de una mera filosofía de la cual alguien sea partidario. La espiritualidad pura es intrínsecamente individualista, íntima y no es conformista. En un viaje espiritual nos encontramos en una constante búsqueda, nos enfrentamos a ideas y supuestos que nos llevan a confrontar lo que creemos de la vida y lo que realmente es la vida. Vivir la espiritualidad en toda la extensión de la palabra es cuestionarnos si esas premisas apoyan o restringen nuestra actividad mental, si nos ayudan a comprendernos mejor, si aportan algo al nivel de consciencia que tenemos en el momento presente y si ensanchan nuestro espíritu… o si nos hacen indiferentes, nos dejan inmóviles o nos arrastran a eludir la responsabilidad de todo lo anterior.

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Fuente: http://yucatan.com.mx/editoriales/opinion/religion-o-espiritualidad

Las emociones sublimes a la luz del budismo zen