Para pensar sin pensar





“En la serenidad emerge lo maravilloso,

en la luz se olvida todo afán.”

Mò zhào míng

Canto a la Luz Serena




23 de abril de 2014

Poder personal


Entiendo el “poder personal” como la capacidad que cada uno tiene para ser creador de su propia vida, como la capacidad  para elegir conscientemente lo que queremos manifestar o experimentar.

Cada uno de nosotros maneja su propia energía. Somos libres de hacer con ella lo que queramos: darla, multiplicarla, usarla para sanar, hacerla fluir, estancarla, desperdiciarla. Lo que decidamos hacer con nuestra energía es lo que determina nuestro “poder personal”.

Gran parte de nosotros, por lo menos parcialmente, hemos depositado nuestro poder personal “afuera”. Le hemos dado nuestra energía, y por ende cedido nuestro poder, a lo que nos dijeron que somos, a las creencias impuestas, a las personas que nos rodean, a las figuras de autoridad, a nuestros padres, parejas etc. Resulta evidente que esta situación no puede sino jugarnos en contra, ya que estamos decidiendo y eligiendo que hacer con nuestra vida en función de aquello que posee nuestro poder personal.

El puente que une nuestra energía con nuestro poder personal son los pensamientos (que no son otra cosa que un tipo de energía). Es a través de lo que pensamos como cedemos nuestro poder. Esto ocurre porque tenemos miedo de tomar nuestras propias decisiones, porque no queremos responsabilizarnos de nuestra vida, o porque hay alrededor nuestro,  personas o situaciones dominantes que son vampiros energéticos y nos hacen, de una u otra forma, cederles nuestra energía.

El desafío es, en primer lugar, aceptar nuestro poder personal como una gran herramienta para vivir. Luego tendremos que identificar si nuestro poder personal nos pertenece  o si se lo hemos cedido a algo o a alguien, finalmente tenemos que hacer lo que sea necesario para recuperar nuestro poder (si es que lo hemos cedido)

Solo cuando somos dueños de nuestra energía, es decir cuando elegimos concientemente que hacer con ella, somos capaces de vivir sanamente, de ser felices. Nos será muy difícil experimentar felicidad si cada cosa que hacemos, decimos o pensamos va dirigido a complacer a un ente externo.

Recupera tu poder personal y ponte a crear siendo dueño de tu energía.

Por Nicolás Tamayo

Fuente: http://www.animalespiritual.com/poder-personal/


 

19 de abril de 2014

Consagración de la velocidad

 
 
En el principio, Dios creó el cielo y la tierra. Ningún otro texto literario ha dado inicio así para provocar interés absoluto. E igual que la Biblia, los libros sagrados de la civilización han fundado el arte de expresarse. Dieron origen a la creencia y al mito y, sin éste, no hay rito. Sin ritualidad, no hay cultura.
 
Han cambiado los hábitos para entenderse con las potencias divinas. Hace poco, todavía eran las religiones que, en teoría, al menos: hacían de conducto para la elevación. En el presente, la espiritualidad y el negocio de las razones finales están en su hora del recreo. Por lo pronto, no hay clases.
 
El individuo se seguirá preguntando en dónde estoy, a dónde voy, por qué llegué o cuándo terminaré.
 
Parece que no se lo hiciera, pero sí se filosofa a profundidad, sólo que de manera más taimada.
 
Se intuye que no es suficiente mantenerse de materialidad pura. No es nada más de controlar a plenitud los tres elementos que justifican todo esfuerzo vital: la dicha, la fortuna y la salud. Hace falta, aunque sea temeroso, acercarse a un hipotético más allá.
 
Ritos del tiempo
 
Lo de hoy es lo psíquico. El esoterismo, la astrología, la reprogramación neurolingüística, la meditación trascendental o meter la cabeza por alguna de las sectas nuevas. En un arranque de chabacanería, incluso, buscar la iluminación en los textos de autoayuda. Pero ya no se acude como antes al regazo del sacerdote, a la iglesia, a la mezquita o a la sinagoga: para conversar con el ser supremo. La nueva espiritualidad aquí está, según las clases o las culturas y cómo se interesen en religarse entre sí para ejercer cierta religiosidad. Son los nuevos ceremoniales, celebrados en otros recintos, asimismo, mágicos.
 
La multitud sufre su catarsis alrededor de un espectáculo, sin ir a Santiago de Compostela como peregrinos o marchando juntos a La Meca por una vez en la vida, tampoco al tomar el baño purificador en el Río Ganges. Mejor, asiste a un recital multitudinario con su ídolo musical y, allí, materializa sus más hondos ardores.
 
Toda la profesión de fe en un match de futbol. O en la pelea entre dos púgiles paradigmáticos. La Copa Davis. La disputa del Tazón tal o cual. Pero invocando al vencedor. Son eventos que logran resonancia mayor por la TV e Internet. La nueva iglesia universal está en canales con números bien definidos.
 
Cada cual a lo suyo
 
Como el ceremonial en la disciplina deportiva de gran fascinación que despiertan las carreras de Fórmula 1. Con su indulgencia cuasi plenaria y celebradas en las que se llaman sus catedrales, como: Monza, Spa, Silverstone o Suzuka. Gente disímbola en raza, credo y color de piel, que busca por millones las justas del vértigo, porque las ha esperado con intensidad y altura.
 
En ellas se ve, se vive y se revive el culto, a la vez que se asume en él; como si cada quien fuese la víctima propiciatoria y la revelación, a un tiempo. Eucaristía de alto octanaje. En una sola visión, en la cual se comulga con la victoria. La alada impertérrita.
 
No es el regreso a los festines paganos del preclásico temprano, ni a los gaudeamus de los infelices tiempos de la inquisición: es, sencillamente, la fiesta ecuménica de la premura ¿No es lo de este tiempo hacerlo todo con la mayor prisa?
 
Es ni más ni menos que: la consagración de la velocidad.
 
 
Por Angello della Corsa
 
 

16 de abril de 2014

La vida SIN

 
La moda de todo SIN se extiende como la pólvora: bebidas sin alcohol, cerveza 0,0, tabaco sin humo, mujeres sin curvas, piel sin pelo, comida sin calorías, ni grasas, inclusive sin sabor…entre los anuncios publicitarios que predominan a día de hoy.
 
En una época en que la austeridad es una de las máximas consignas para salir del hoyo, parece que renunciar  a los placeres de la vida es un sacrificio inherente.
 
Quedan atrás aquellos interminables festines de la Edad Media donde nobleza y dignatarios  eclesiásticos hacía gala de su desmesura glotonería  y afición por la buena mesa, Carlomagno o el propio Carlos V considerado el emperador de mayor gula. Comían con fruición y desespero como si no hubiera un mañana sin librar luego las consecuencias de tales apetitos, gota, indigestión y otros males.
 
En la lucha contra los excesos la retórica del miedo puede ser el peor castigo autoinflingido y a su vez  más efectivo. Basta leer ‘La Divina Comedia’ de Dante Alighieri cuya epopeya religiosa inducía a la humanidad apartarse del pecado y optar así por el camino de la virtud, pues solo las almas presas de la disipación están condenadas al infierno.
 
Sin embargo no nos engañemos casi siempre las privaciones han  estado supeditadas a una cuestión de clases. En el medievo mientras que unos satisfacían sus apetitos hasta hartarse otros en cambio soportaban grandes hambrunas; ahora mientras unos hacen y deshacen recaen en el resto sus decisiones.
 
Se dice que las costumbres forman parte del contexto, algo que parece cierto. De la exuberancia hemos pasado al nihilismo, entendido como la negación del mismo valor de la existencia. Las redondeces de las mujeres que en sus lienzos plasmaba Rubens quedan en la actualidad reducidas al patrón de una línea recta, dominio de la extrema delgadez y efectos colaterales, contar una por una cada caloría, examinar al detalle lo que nuestro cuerpo ingiere. El ruido, contacto, jarana y barroquismo se ha diluido en la rigidez del maniático.
 
En ciertos casos suprimir es señal inequívoca de buen refinamiento pero convertirlo en algo genérico parece un insulto a los dones regalados. En cualquier caso los extremos nunca deberían ser la opción; ni antes, ni ahora.
 
Por contra el movimiento minimalista puede representar una visión inteligente, también práctica, al despojar los elementos sobrantes, superfluo pero conservar lo esencial. Concebido como una alternativa sostenible en perfecto equilibro con el mundo que nos rodea.
 
Este es el arte del funambulista al moverse con destreza entre la línea del placer y hastío, el cuerpo y la mente.  Lejos de una existencia anodina es nuestra la decisión de saborear la vida, aun imperfecta con sus errores y aciertos.
 
Jorge Dobner

Fuente: En Positivo
 

15 de abril de 2014

La educación del futuro: entender el cerebro humano

 
La velocidad a la que cambia el mundo exige avances muy rápidos y asertivos de todos los sectores, y la educación no es la excepción. Para sobrevivir hay que adaptarse y cambiar, y por esta razón los paradigmas y postulados de la educación del pasado, así como los fundamentos y creencias tradicionales, están siendo reemplazados de manera muy rápida por avances científicos, tecnológicos, descubrimientos, y nuevas posturas respecto del futuro.
Ya no se trata de “remendar viejos conceptos” (innovaciones) ni de arreglar las sillas mientras el barco se hunde, (acreditaciones y certificaciones) . Los retos que se están imponiendo, obliga ubicarse desde diferentes perspectivas, dimensiones, y fundamentos conceptuales, pues solo así será posible concebir nuevos pensamientos y propuestas y sobre todo nuevos caminos desde los cuales se construyan verdaderos sistemas de dinámicas formativas.

Estas nuevas aproximaciones a la educación de futuro deben poder identificar los factores de vulnerabilidad de niños, jóvenes y adultos de las distintas comunidades y así encausar los esfuerzos y recursos en función de los nuevos diseños de formación que necesita el futuro de esas personas y de todas las demás.

Por ejemplo, la razón por la que existen fenómenos como la corrupción, la violencia, el crimen, el bullying, entre otros, deben ser abordados, no desde sus efectos nefastos, sino desde la estructura misma de sus paradigmas educativos. En este caso todas las instituciones deberían revisar sus concepciones y esquemas de formación. La verdad es que necesitamos nuevos paradigmas.

Uno de los factores que es preciso identificar, abordar y profundizar, es el que se ha venido construyendo desde las neurociencias, los estudios sobre cerebro humano, y el comportamiento de los individuos. Este, que es el primero de los cuatro factores que abordaremos en estas entregas, (neurociencias, bioética, economía e innovaciones disruptivas) es vital como referente de los nuevos procesos de formación, al tiempo que reemplazará a las viejas creencias, conjeturas y suposiciones (componentes de las viejas pedagogías).

La neurociencia cognitiva, que es la que se ocupa de los procesos de aprendizaje del cerebro, tiene su origen al comienzo del siglo XIX pero su fundación como ciencia no se dio sino hasta los años 1950, cuando preocupaciones conductuales, de lenguaje y comportamiento empezaron a ocupar las agendas de académicos pioneros como George A Miller y David Marr. Con los avances de esta ciencia, actualmente sabemos con determinada certeza lo que pasa cuando alguien aprende y la forma como se desarrollan las habilidades en los seres humanos.

Por tanto, aprender cambia de sentido, porque cambia de contexto. Aprender hoy es muy diferente de lo que fue ayer y es fundamental entender y comprender esto para eficazmente transformar los procesos de formación. No se puede obviarlo y seguir dictando asignaturas fragmentadas, inconexas y sin mucho sentido.

Aquí es cuando entra a jugar una de las categorías de la educación del futuro: la oportunidad educativa. Ésta tiene que ver precisamente con procesos formativos continuos, que permitan la estructuración cognitiva, con las condiciones internas de las personas, (los niños y los jóvenes) y con las condiciones externas o los factores que coadyuvan y conforman un todo formativo desarrollado con éxito.

Esta categoría de formación es la más significativa en la nueva educación de futuro. Todo gira alrededor de ella y ella gira alrededor de la autonomía, como antesala de la libertad. Las nuevas relaciones entre los diferentes agentes de formación se establecerán a partir de los avances de las neurociencias, pues ellas señalaran con cierta asertividad lo que hay que hacer para que la relación entre quien se forma y quien diseña los procesos y los acompaña, tenga sentido.

Esto plantea un nuevo espacio de formación de los nuevos maestros quienes serán ya no solo profesores, sino formadores. El nuevo maestro formador del futuro surge y se forma desde nuevos fundamentos, procesos y métodos, y establecerá otro tipo de relaciones con quienes se forman.

Queda mucho camino por recorrer en esta sección que nos va a plantear retos apasionantes a los cuales estamos invitando, no solo a acompañarnos en la reflexión, sino fundamentalmente a hacer parte real y activa por medio de la conformación de equipos de investigación en las instituciones que estén ya convencidas que es preciso caminar de manera productiva y contundente por otros caminos, los caminos del pensamiento divergente y de la educación de futuro. Queda abierta la invitación.
 
 
 

12 de abril de 2014

El don de la prudencia

 
Platón relaciona la prudencia con una sabiduría práctica de vida. Se entiende como faro y luz de una conducta discreta, el ojo del alma, según la bella expresión aristotélica; pero su fuerza visual y consistencia interior no vienen sólo del desarrollo intelectual, sino de la salud íntegra del organismo, esto es, de la habilidad práctica que surge en una persona atenta que se comporta de forma ajustada ante la realidad.
 
"De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error", dijo Cicerón. También se expresa popularmente que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La razón sin razón de todo esto la hallamos en que motivado por la luz de sus impulsos, los seres humanos viajan infatigables en pos de sus deseos, dejando atrás en lo posible todo aquello que aísle los anhelos planteados, sea cual fuere el signo que los caracteriza. Sin embargo, las personas cuentan con el don de la prudencia, esto es, cuentan con la astucia de una serpiente, la fortaleza y presencia del león, la agilidad del guepardo o la perseverancia del escarabajo que trabaja paciente, incansable y silenciosamente hasta recoger por fin el humilde fruto de su esmero. 
 
El termino prudencia proviene del latín previdere y significa ‘ver antes o tener visión’. Por otro lado recordemos que los filósofos latinos coinciden en los términos prudentia y sapientia, entendidos como sinónimos de sabiduría. Al primero le adscribieron la experiencia y al segundo la ciencia. En cualquier caso, no podemos confundir la astucia y la cobardía con la prudencia, ya que ésta requiere discernimiento y buen juicio para obrar en armonía. Muchas prudencias no son más que la manifestación del miedo. A veces la prudencia que algunos reclaman a la hora de ir a apagar el fuego de la casa del vecino, contrasta con el nerviosismo y la impaciencia a la hora de mirar hacia su propia casa, donde ni siquiera se avista todavía el menor rastro de humo. Las percepciones que tomamos de las cosas juegan un factor importante en nuestro juicio y nublan la razón.  
 
Por ello, la no consideración pierde de vista el carácter único de las cosas y la inconstancia olvida permanecer con acérrima voluntad ante los obstáculos. Así pues, la deliberación a la hora de actuar prudentemente, tiene que verse desde un punto de vista desapasionado y objetivo. Asimismo conlleva un gran sentido de responsabilidad, ya que se apersona de las consecuencias de sus acciones mientras que la astucia utiliza medios aparentes como la simulación. De forma hermosa lo expresó Marco Aurelio: “ten presente que el término «prudente» pretendía significar en ti la atención para captar cabalmente cada cosa y la ausencia de negligencia.”  
 
En resumen podemos decir que una persona prudente delibera lo necesario sin precipitarse, sabe pedir consejo, mira las consecuencias de sus actos, toma decisiones con la eficacia necesaria, a la vez que posee una escala de valores intrínsecamente correcta que orienta su actuación. Con todo ello, podemos deducir que la prudencia se convierte entonces en la guía de la libre voluntad, pues no se orienta, gobierna ni reglamenta ella sola y por sí misma, sino que requiere de la razón para conocer y el discernimiento justo para comparar, así como el equilibrio para finalmente generar la unidad en todos los actos.
 
 
Denkô Mesa
 
12 abril 2014