Para pensar sin pensar



"Aquellos que atraviesan el umbral del cielo,

no son seres carentes de pasiones

o que se han sometido a las pasiones,

sino quienes las han cultivado

y las han comprendido."


William Blake



30 de junio de 2015

¿La conciencia es activa o pasiva?



La conciencia -ese diálogo interno que parece gobernar nuestros pensamientos y acciones- es mucho menos potente de lo que la gente cree, ya que no actúa como una fuerza activa ejerciendo el control, señala una nueva teoría propuesta por un neurólogo de la San Francisco State University (SF State) de EEUU. Ezequiel Morsella sugiere, más concretamente, que la mente consciente sería como el intérprete que ayuda a hablantes de lenguas diferentes a comunicarse.



"El intérprete presenta la información, pero no es el que argumenta o actúa sobre el conocimiento que se comparte", explica Morsella en un comunicado de la SF State. "Del mismo modo, la información que percibimos con nuestra conciencia no es creada por procesos conscientes. La conciencia es un intermediario, que no hace tanto trabajo como se cree".



¿No existe el libre albedrío?



La teoría de Morsella y de sus colaboradores, publicada en la revista Behavioral and Brain Sciences, contradeciría las creencias intuitivas sobre la conciencia humana y la noción del sí mismo. Según dicha teoría, este atributo cognitivo sería más reflexivo y menos decidido de lo que el conocimiento convencional ha dictado hasta ahora.



Debido a que la mente humana experimenta su propia conciencia como un tamiz a través del cual pasan nuestros impulsos, pensamientos, sentimientos y acciones físicas, tendemos a pensar que ejerce algún control sobre todos ellos. Pero en realidad, argumenta Morsella, la conciencia hace la misma tarea sencilla una y otra vez, dando la impresión de que está haciendo más de lo que realmente hace.



"Durante mucho tiempo hemos pensado que la conciencia resuelve problemas y y tiene muchas partes móviles, pero es mucho más básica y estática", asegura el científico. "Esta teoría es muy contraintuitiva, y va en contra de nuestra manera de pensar cotidiana".



Según este planteamiento, el "libre albedrío" -la idea de que nuestra conciencia es la que decide y guía nuestras acciones-, una característica que normalmente atribuímos a la mente consciente, no existe.



En realidad, la conciencia sólo se encargaría de transmitir información que sirve para controlar la acción "voluntaria" o para dirigir los movimientos orientados a objetivos que involucran a nuestro sistema muscular y esquelético.




La conciencia se parece a Internet



Comparemos la conciencia con Internet, sugiere Morsella. Internet puede ser utilizado para comprar libros, reservar una habitación de hotel y completar miles de otras tareas. A primera vista, parece increíblemente potente. Pero, en realidad, la persona situada delante de un ordenador portátil o que hace clic desde un teléfono inteligente es la que realmente controla las acciones, mientras Internet simplemente sigue siempre el mismo proceso básico, sin ninguna voluntad propia.



Esta teoría también desafía la creencia intuitiva de que un pensamiento consciente lleva a otro. "Un pensamiento no sabe nada de otro pensamiento, lo que ocurre es que, a menudo, los pensamientos tienen acceso a una misma información inconsciente, a partir de la cual actúan", afirma Morsella. "Usted tiene un pensamiento y luego otro, y cree por eso que un pensamiento lleva al siguiente, pero esto no parece ser la forma en que el proceso realmente funciona", asegura.



Usar la conciencia para estudiar la conciencia



La teoría, que Morsella y su equipo han desarrollado durante más de 10 años, puede ser difícil de aceptar en un primer momento, señala el científico.



"La razón número uno por la que nos ha llevado tanto tiempo llegar a nuestra conclusión es que la gente confunde lo que es la conciencia con el fin de su uso", afirma Morsella. "Además, la mayoría de análisis sobre la conciencia se han centrado en la percepción en lugar de en la acción".



Por otra parte, esta teoría tendría importantes implicaciones para el estudio de los trastornos mentales. "¿Por qué tienes un deseo o un pensamiento que no deberías estar teniendo? Porque, en cierto sentido, el sistema de la conciencia no sabe que no debes pensar en eso", afirma Morsella. "Un generador de impulso no sabe que la urgencia es irrelevante para otros pensamientos o acciones en curso".



El estudio de la conciencia es complicado, agrega el investigador, debido a la dificultad inherente que entraña usar la mente consciente para estudiar la propia mente consciente.



"Durante gran parte de la historia humana, hemos sido cazadores y recolectores y hemos tenido preocupaciones urgentes, que requerían ejecutar rápidamente acciones voluntarias", añade Morsella. "La conciencia parece haber evolucionado para este tipo de acciones, en lugar de para entenderse a sí misma".

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Referencia bibliográfica:



Ezequiel Morsella, Christine A. Godwin, Tiffany K. Jantz, Stephen C. Krieger, Adam Gazzaley. Homing in on Consciousness in the Nervous System: An Action-Based Synthesis. Behavioral and Brain Sciences (2015). DOI: 10.1017/S0140525X15000643.

28 de junio de 2015

Sacralizar la cotidianidad



Se es feliz y se está alegre. Tomar esto como cierto nos hace conscientes de que acceder a la felicidad, en realidad no tiene que ver con lo que uno hace, tiene o experimenta, sino que se relaciona con que tan presentes estamos en cada paso, acto y palabra que expresamos.

Ser feliz es dejar que la esencia que nos sostiene se exprese. Es quitar en vez de agregar. Ser feliz es simplemente ser nosotros en cada pequeña cosa.

Solemos entender que ser feliz es sinónimo de estar en un estado de completa dicha, con una sonrisa permanente, en un estado ideal donde no hay dificultades. Me gusta pensar que ese estado existe (de hecho creo que existe), sin embargo siento que es difícil alcanzarlo mientras nos movemos a través de la experiencia terrena, ya que la propia naturaleza del viaje humano viene con todo un conjunto de situaciones y experiencias que nos hacen evolucionar y crecer, y esas experiencias muchas veces vienen asociadas a momentos difíciles y una cuota de dolor.

Desde esta perspectiva, ¿que es la felicidad? ¿Cómo se expresa la felicidad mientras recorremos la vía terrena? Como ya se mencionó, ser feliz es dejar que la esencia se exprese, en la práctica significa hacerse consciente de la verdadera naturaleza de las cosas: hay una esencia divina que todo lo sostiene. Cuando nos hacemos conscientes de esa trama cósmica la perspectiva cambia. Por fuera el mundo puede seguir avanzando hacia una catástrofe global, pero la mirada ha cambiado. Al elevar la mirada, puedo seguir experimentando situaciones dolorosas, pero se está en un mejor escenario para enfrentarlas, se abordan desde la perspectiva de la esencia.

De la mano de todo esto está “sacralizar la cotideaneidad”, es decir ver lo sagrado en cada pequeño acto. Si abrimos la mirada y disfrutamos cada pequeña cosa que pasa en nuestras vidas, ya estamos un poco más cerca de vivir desde la esencia. El simple hecho de lavarte la cara en la mañana encierra una cadena de eventos que, a los ojos del observador consciente, son magia pura.

Esa es la invitación, que cada pequeño acto de cada día sea abordado desde lo que realmente eres. Si no podemos ser felices con lo que tenemos o estamos experimentado ahora, tampoco podremos ser felices cuando, aquello que creemos que nos hará felices, llegue.

Fuente: http://www.animalespiritual.com/ser-feliz-y-vivir-en-el-intento/


26 de junio de 2015

Ampliar la mirada


Nuestra naturaleza humana nos hace ser permeables a nuestro medio. Es parte de nuestra biología establecer relaciones e interacciones con aquello que nos rodea, y esto ocurre a nivel emocional, sexual, material e intelectual. Es este último centro en donde podríamos asentar la base de nuestras creencias.

Es a través del intelecto que absorbemos, modificamos y recreamos pensamientos que luego van a incidir en la configuración de nuestros mundos personales (y por extensión en el mundo colectivo).

Nuestros límites tienen su base en nuestro intelecto porque este es el que recibe órdenes, instrucciones y conceptos del “mundo exterior” (la familia, la sociedad). Estas ideas se convierten en nuestro “set” de creencias, en nuestra batería de “programas” con la cual nos metemos al mundo. Aquí  es donde hay que poner nuestra atención.

Si queremos vivir cada día más livianos, tenemos que empezar a romper nuestros límites. Esto se puede lograr observando desde donde provienen nuestras creencias. Una vez identificado el origen, validez y utilidad de la batería de creencias que portamos, podemos comenzar a elegir aquellas que realmente nos sean una ayuda y no un lastre en nuestro desarrollo como personas.

La autoexaminación es una vía, una forma en la que podemos comenzar a transgredir nuestros propios límites. Si siempre nos movemos en los mismos ambientes, nos relacionamos con las mismas personas, consumimos la misma “cultura”, difícilmente podremos contraponer nuestras creencias con las creencias del otro, y justamente eso es ampliar la mirada.

Aquel que considera que su sistema de creencias es más válido que el ajeno, sólo vive en una jaula adornada por ese pensamiento sesgado, pero se niega la posibilidad de realmente ampliar su mundo.

La empatía, el no-juicio, la aceptación de lo diferente nos llevará a permitirnos una comunión con las creencias del otro, y esto derivara inevitablemente en una apertura a la co. creación de un mundo donde nos reconoceremos en el otro; en otras palabras, a un mundo más cercano a lo que realmente es, y no tan sesgado por nuestras propias ideas, las que si bien nos son útiles, están siempre susceptibles de ser ampliadas.

Fuente: http://www.animalespiritual.com/ampliar-la-mirada/

24 de junio de 2015

En busca de la resiliencia


Considero justo y apropiado empezar a hablar de resiliencia citando a Viktor Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.

Frankl, psiquiatra, psicoterapeuta austríaco e ideólogo de la teoría psicológica conocida como Logoterapia, merece una mención especial, ya que es un ejemplo de una actitud resiliente y de cómo reconstruirse ante una vivencia traumática.

En otoño de 1942, junto a su esposa y a sus padres, fue deportado al campo de concentración de Theresienstadt. En 1944 lo trasladaron a Auschwitz y posteriormente a Kaufering y Türkheim, dos campos de concentración dependientes del de Dachau. El 27 de abril de 1945 fue liberado por el ejército norteamericano. Frankl finalmente sobrevivió al holocausto nazi, pero tanto su esposa como sus padres fallecieron en los campos de concentración.

A pesar de esta experiencia que, a día de hoy nos parece imposible que se haya vivido tan próxima a nuestro tiempo, Viktor expone en una de sus obras más célebres “El hombre en busca de sentido” que, incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir.

Argumenta que es la búsqueda de ese sentido lo que nos motiva y nos llena de razones para vivir y comenta que “quien tenga un porqué para vivir podrá superar casi cualquier cómo”.

La resiliencia no es una capacidad innata ni una forma de entender y afrontar la vida que aparece por sorpresa, no es un superpoder ni una técnica automática que se activa ante la adversidad.

La resiliencia es una actitud, una capacidad que tenemos los seres humanos de afrontar y sobreponernos antes situaciones adversas (pérdidas, daño recibido, pobreza extrema, maltrato, abuso sexual, circunstancias excesivamente estresantes o victimizantes, etc.).

Supone un aprendizaje, una alta capacidad de adaptación ante los obstáculos del entorno y exige también la capacidad de poder recuperar el desarrollo vital que se tenía antes de producirse el estresor o circunstancia traumática.

Como toda reconstrucción, no es un proceso inmediato, esta capacidad implica sufrimiento, no nos engañemos, pero asumir esta actitud es la mejor forma de adaptación que conoce el ser humano. Consiste en un proceso de elaboración, no de borrado, supone integrar la pérdida, no olvidarla.

En la mitad del camino hacia la resiliencia aportamos y sacamos lo mejor de nosotros mismos, nos crecemos ante la adversidad y es al final del mismo cuando podemos hablar de recuperación y por tanto de felicidad. Dotar a nuestro camino de sentido significa disponer de todas las respuestas que puedan ir surgiendo a través de la evolución y del desarrollo personal. 

No debemos olvidarnos que nosotros mismos somos los responsables de lo que hacemos, de lo que reímos, de lo que amamos pero también de lo que sufrimos y de lo que lloramos.

Los pilares de la resiliencia

Para comprender un poco mejor las estrategias de la reconstrucción personal citamos a Wolin y Wolin (1993), autores que exponen y describen los siete pilares de la resiliencia:

1. Introspección: hace mención a preguntarse a sí mismo y darse una autorespuesta honesta.

2. Independencia: se define como la capacidad de establecer límites entre uno mismo y los ambientes adversos; alude a la capacidad de mantener distancia emocional y física, sin llegar a aislarse.

3. La capacidad de relacionarse: incide en la habilidad para establecer lazos íntimos y satisfactorios con otras personas. Aquí encontraríamos cualidades como la empatía, la sociabilidad.

4. Iniciativa: implica exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes. Se refiere a la capacidad de hacerse cargo de los problemas y de ejercer control sobre ellos.

5. Humor: alude al hecho de encontrar lo cómico en la tragedia. El humor ayuda a superar obstáculos y problemas, a hacer reír y reírse de lo absurdo de la vida (Jauregui, 2007).

6. Creatividad: es la capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. En la infancia se expresa con la creación de juegos, que son las vías para expresar la soledad, el miedo, la rabia y la desesperanza ante situaciones adversas.

7. Moralidad: se refiere a la conciencia moral, a la capacidad de comprometerse de acuerdo a valores sociales y de discriminar entre lo bueno y lo malo.

Ser resiliente depende en gran medida de estos pilares o capacidades que acabamos de citar pero me gustaría antes de dar por concluida esta reflexión recordar que; como personas somos lo que luchamos por ser, somos seres cambiantes no estáticos, hay que aprovechar esa plasticidad para adaptarnos y moldearnos ante las exigencias y dificultades.

Me defino como una persona bastante escéptica con el determinismo, pues considero que para cambiar hay que creer en el cambio y la felicidad es cierto que está en los pequeños, en los medianos y en los grandes detalles, pero no se trata de buscarla por los rincones, se trata de llegar a los rincones e inundarlos de felicidad.

La felicidad depende de nuestra actitud, por lo tanto, depende de nosotros mismos y me da pena mirar a mi alrededor y darme cuenta de que en la cultura que compartimos nos enseñan a estar estresados, a estar tristes, a tener miedos y a sufrir ansiedad; creo y considero que existe un interés social subyacente que promueve estos estados de miedo y ansiedad pero lo más importante y lo que tenemos que tener en cuenta y recordárnoslo diariamente es que ser felices depende sólo de nosotros, de ti y de mí.

Fuente: http://psicopedia.org/2084/el-hombre-en-busca-de-la-resiliencia/
 


Seminario - El Poder de la Atención Plena


Foto final del grupo participante en el
Seminario "El poder de la Atención Plena"
dirigido por el maestro zen Denkô Mesa
en el Dojo Zen de Tenerife
19-20 Junio de 2015