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Blog del maestro zen Denkô Mesa
17 de marzo de 2012
15 de marzo de 2012
El conocimiento de la creatividad
Investigadores
y docentes de creatividad de catorce países han participado en una
investigación que propone un modelo desde el paradigma complejo-evolutivo y
concluye que el fenómeno de la creatividad, en tanto su conocimiento, forma de
comprenderla y aplicarla, como de proyectarla en la formación y futuras
investigaciones, evoluciona en crecientes niveles de conciencia y complejidad.
Por Jessica Cabrera C.
Durante mil años la noción de creatividad no existió en filosofía,
teología o arte. Los griegos no tuvieron este término (aunque consideraban como
excepción a los poetas que traían cosas nuevas), y los romanos nunca lo
aplicaron a estos campos. Durante los
siguientes mil años, la creatividad se contempló exclusivamente desde la
teología: "Creator" era sinónimo de Dios, y siguió empleándose en
este sentido hasta una época tan tardía como la Ilustración. En el siglo XIX el
término "creador" se incorporó al lenguaje del arte y se convirtió en
sinónimo de artista. Aparecen nuevas expresiones como el adjetivo creativo y el
sustantivo creatividad. En el siglo XX la expresión "creador" se
aplicó a toda manifestación cultural. Se comenzó a hablar de creatividad en la
ciencia, la política, la tecnología, etc. (W. Tatarkiewicz, 1987).
En este sentido, el conocimiento disponible en creatividad a través de su
enfoque más usado por muchos investigadores y docentes (persona, proceso,
producto, potenciación) se ha presentado con una gran diversidad de tópicos, no
obstante, de manera fragmentada y aún los modelos componenciales más conocidos
(Amabile, 1996, Csickzentmilhalyi, 1998, Sternberg, 1999) han sido
insuficientes para aproximarse de manera integral a su complejo campo.
Hoy en día llegamos a un punto donde en creatividad se habla también de
complejidad, de trascendencia, espiritualidad y evolución humana basada en la
conciencia. Observamos que cualquier teoría de la creatividad (superdotación,
teorías asociacionistas, teorías de la personalidad, teoría social-cultural,
etc.), sus diferentes aproximaciones, (psicodinámicas, cognitivas, humanistas y
componenciales), hasta sus tendencias más emergentes han ido integrando natural
y evolutivamente diferentes componentes desde lo más simple a lo más complejo,
centrando su interés de estudio desde lo individual y personal, hasta lo
contextual, lo social y diferentes sistemas de referencia más complejos y
transdisciplinares.
Creatividad
para la formación
La necesidad de fundamentación del conocimiento acerca de la creatividad
tiene directa relación con su aplicación en contextos formativos, dado que no
podemos trabajar con personas encasillando la creatividad sólo en algún aspecto
-por ejemplo, el cognitivo-, sino que es necesario ir trabajando también
nuestras otras dimensiones humanas (como las corporales, emocionales, sociales,
espirituales, etc.), los temas relacionados a los valores y las virtudes
humanas, la ampliación de nuestra conciencia a mayor complejidad, etc. Por
ello, nos cuestionamos lo siguiente: Si en los campos de formación humana se da
de manera natural la complejidad de redes personales, sociales, ecológicas y
contextuales, ¿cómo podríamos acercar los avances del conocimiento en
creatividad desde la mirada de la complejidad a la práctica de las aulas y de
los cursos de formación?
Si como dijo Leonardo da Vinci, “La práctica debe ser edificada siempre
sobre una buena teoría”, trabajar la creatividad desde una perspectiva básica,
transdisciplinar y de complejidad evolutiva supondrá considerarla integrando
todos los aportes hasta ahora estudiados. Y más aún, considerando otros campos
que cada vez con mayor claridad contribuyen a un conocimiento emergente
relevante para su aplicación y de los que dan cuenta nuevas investigaciones
dentro de la Neurociencia, Neurocardiología, Física cuántica y otras
disciplinas ancestrales retomadas por ellas, como la meditación y sus
implicaciones en los estados de conciencia y de creatividad, etc. La
creatividad nos ofrece un amplio menú de posibilidades de aplicación, y a la
mirada evolutiva y compleja desde la que actuamos le interesa valorar e
integrar todas las opciones. Creemos importante considerar el contexto, las
personas, los talentos, las implicaciones sociales, ecológicas y evolutivas
entre otras, de modo que se promueva el ser de las personas y su evolución
interior y exterior en armonía con su entorno.
La creatividad
implica hoy mayores niveles de conciencia y de complejidad
(…) En síntesis, las conclusiones más destacadas del estudio son, en primer lugar, que tanto el conocimiento como la comprensión, aplicación y vivencia de la creatividad evolucionan hacia mayores niveles de conciencia y complejidad. Y en segundo lugar, que la perspectiva de la transdisciplinariedad y la complejidad aportan fundamentos útiles para el desarrollo de una formación en creatividad con mayor amplitud de conciencia.
Entendemos que la creatividad ha trascendido fronteras externas e internas y está abierta a muchas posibilidades de estudio, comprensión, desarrollo y práctica. Trabaja con diferentes dimensiones del ser, con el contexto, con diferentes expresiones y con diferentes recursos. Desde esta apertura se necesita profundizar en los estudios más emergentes y extraer sus evidencias que favorezcan su aplicación en contextos de formación, para ofrecer una propuesta orientadora desde la complejidad y transdisciplinariedad e idear otros instrumentos y orientaciones didácticas para la práctica. Los beneficios de su estudio ampliarán la discusión, no sólo sobre el ámbito formativo vinculado a la creatividad, sino además sobre sus raíces y orientación, pudiendo beneficiarse a profesores, facilitadores y alumnas/os.
Desde esta investigación, podremos anhelar una comprensión más compleja, más profunda, más amplia e incluso mejor orientada de una creatividad más libre de condicionamientos disciplinares que puedan limitar su conocimiento y aplicación. Aspirar a una creatividad donde la ética, los valores y las virtudes humanas puedan participar de un modo más activo y más consciente del desarrollo y formación de las y los profesoras/es y donde cada persona pueda reconocer, valorar y compartir su potencial creativo y creador, para beneficio de todos y del entorno social y ecosistémico.
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Jessica
Cabrera Cuevas es Doctora
Europea en Creatividad Aplicada y Académica de la Universidad Autónoma de
Madrid. Este artículo es un resumen de la tesis
doctoral de la autora, "Creatividad, conciencia y complejidad: una
contribución a la epistemología de la creatividad para la formación",
dirigida por el Dr. Agustín de la Herrán Gascón.
13 de marzo de 2012
Ondas cerebrales y meditación
El proceso de la meditación, así como el impacto que ésta tiene sobre nuestro cerebro, está siento trabajado con rigor desde el punto de vista científico. Las ondas gamma, son un tipo de patrón de ondas cerebrales asociadas con la percepción y la consciencia. Las ondas gamma se producen cuando grandes conjuntos de neuronas emiten señales eléctricas a una frecuencia aproximada de 40 pulsos por segundo (es decir, 40 hercios, abreviado Hz). No obstante, las ondas gamma pueden tener una frecuencia que oscila entre los 26 y los 70 Hz. Por definición, las ondas gamma comienzan a manifestarse a partir de una frecuencia superior a 24 Hz, si bien se ha comprobado que las actividades cognitivas de más alto nivel tienen lugar cuando la frecuencia de las ondas gamma se incrementa hasta los 40 Hz. Este tipo de ondas están presentes asimismo durante el sueño REM. En algunos textos no se citan las ondas gamma como tales, sino que se las incluye dentro del conjunto más general de ondas beta.
Las ondas gamma participan, pues, en las actividades mentales de más alto nivel. En momentos de reflexión cognitiva, por ejemplo durante la percepción, se producen periodos transitorios de pulsos sincrónicos de ondas gamma, en los cuales conjuntos completos de neuronas de diferentes partes de cerebro experimentan una actividad eléctrica gamma de forma sincrónica. Algunos estudios recientes han sugerido que la capacidad de introspección mental y de resolución de problemas está relacionada con el aumento de frecuencia de 20 a 40 Hz. Por último, se cree que las ondas gamma podrían ser la explicación al conocido enigma de cómo es posible la presencia de una percepción unitaria a pesar de la existencia de múltiples zonas de cerebro que presentan actividad relativamente independiente (es decir, cómo puede nuestro cerebro procesar en diferentes áreas cerebrales los datos provenientes de los diferentes sentidos y sin embargo ser capaz de integrarlos como una unidad).
Al parecer, la mayoría de los estudios sugieren que las ondas gamma podrían jugar un papel crucial en la sincronía neuronal en procesos mentales como la atención, memoria de trabajo, aprendizaje o percepción consciente. Así, cuando estas descargas neuronales se sincronizan entre sí, se generan redes transitorias que integran los procesos neurológicos diseminados a lo largo de cerebro en funciones de más alto nivel de carácter cognitivo y afectivo. Es importante resaltar que este patrón de actividad es capaz de inducir cambios sinápticos, es decir, cambios estructurales y físicos duraderos en la forma en la que las neuronas se conectan entre sí.
Todo acto cognitivo implica la coordinación de numerosas regiones neuronales. La coordinación se basa en la formación transitoria de grupos de neuronas que son sincronizados en sus fases (sus ondas "suben y bajan juntas"). Cuando las ondas cerebrales suben y bajan al mismo tiempo en la misma frecuencia, se da la sincronía.
Las sincronías revelan que la actividad cerebral se realiza de forma simultánea en distintas zonas del cerebro y que se va progresivamente integrando el conocimiento. La conciencia estaría, pues, en las interfases. Esta sincronía de fases crea la coherencia y la unidad. Por lo tanto, una de las estrategias que utiliza la neurociencia para estudiar los procesos mentales relacionados con el entrenamiento mental es el estudio de la sincronía neural y de las ondas cerebrales.
Fuente:
http://www.e-digitalis.com/articles.php?id=74
11 de marzo de 2012
Las Fronteras entre lo Psíquico y lo Espiritual
La conciencia es el escenario donde se
desarrolla la unión mística. La conciencia es una forma de verdad. Puede ser
definida también como un nivel de realidad interior, ya que a través de ella
reconocemos nuestros propios actos y sentimientos. En otra acepción, ella es un
testigo interno, que permite que el ser pueda ser probado por medio de la
existencia, comprendido por el conocimiento y disfrutado en la bienaventuranza.
Generalmente, los niveles básicos de
conciencia son: el de vigilia, sueño con sueños, sueño profundo y despierto.
Nos detendremos aquí en este cuarto estado, que es la matriz para las formas
mas elevadas de conciencia y de experiencia mística.
Existe una gran variedad de términos para
denominar esos estados místicos: conciencia cósmica, visionaria, chamánica,
transpersonal, iluminación, auto-transcendencia, conciencia objetiva, etc. O
para usar una terminología más mística: el éxtasis y la gracia cristiana, el
satori zen, el samadhi del Jana Yoga, la fana sufi y la miração de la tradición
daimista en la cual nos detendremos más adelante.
Por otro lado la conciencia representa una
especie de zona mental donde se perciben las diversas dimensiones, mundos y
planos de realidad. Sus eventos son de otra orden de realidad sin que por esto
pierdan su veracidad. En la definición del místico esotérico cristiano
Daskalos, la conciencia o mente sagrada, puede alcanzar desde la percepción
tridimensional del mundo material, pasando por las cuatro dimensiones del mundo
psíquico hasta el plano noético que es el plano de los pensamientos,
estrechamente asociado con lo psíquico. De ahí en adelante, existen estados de
conciencia que apenas pueden ser imaginados o intuidos por la conciencia humana
más allá de los "mundos de separación", donde reina el espíritu y los
mundos de pura espiritualidad.
Por lo tanto podemos decir que el nivel
psico-noético de conciencia sea una zona intermedia, un puesto de frontera, que
delimita de manera tenue las distintas categorías y eventos de orden psíquico
de experiencia y realización espiritual. ¿Y qué eventos serán esos que pueden
ser definidos en el horizonte de una genuina experiencia mística? Comparando
las descripciones bíblicas de Ezequiel, Daniel, los relatos de Plotino, San
Pablo, Rumi, Eckhart, Juan de la Cruz, Kabir, Ramakrishna, los resultados
recientes de la investigación con el LSD y mescalina y los testimonios actuales
sobre los estados inducidos de conciencia chamánica, llegamos a coincidencias
impresionantes entre el carácter de los estados de conciencia alcanzados, lo
que nos permite trazar un cuadro bien completo de las principales
características del fenómeno místico. Ellas son:
• inefabilidad, incapacidad de narrar en palabras las bellezas
alcanzadas con toda su riqueza de visiones y sensaciones;
• el carácter inexplicable de las verdades vividas, lo que presupone un
gran desarrollo potencial de la intuición;
• sensación de unidad;
• experiencia subjetiva de fusión del Yo con el universo;
• trascendencia del tiempo y del espacio, sensación de emerger
beatíficamente en el Eterno Ahora;
• profunda sensación positiva hacia la vida;
• reconocimiento de lo sagrado del carácter divino de la experiencia
obtenida;
• aumento del poder de concentración y cognición;
• sensación de confort y estímulo moral para desempeñar las
instrucciones recibidas;
• insights reveladores y valiosos para solucionar conflictos internos;
• reverencia y humildad frente a lo desconocido, serenidad frente a la
aceptación de la muerte y comprensión de ésta como una transición a una vida
fuera de la materia y de pura conciencia;
• predisposición al altruismo y la abnegación;
• visualización del lenguaje.
Todas esas referencias se encuentran
combinadas en mayor o menor grado en los estados alterados de conciencia y se
convierten en autenticas revelaciones místicas. Sean ellas naturales,
espontáneas o inducidas por medio de tambores, mantras o enteógenos.
Dependiendo de la intensidad de tales
experiencias, ellas pueden alcanzar su ápice, que es la sensación de fusión del
Yo con el absoluto, la "unión mística" por excelencia. Sería
ingenuidad suponer que una tal gama de fenómenos, con tantas repercusiones
psicológicas, éticas y sociales relevantes, puedan ser interpretadas como mera
regresión infantil (aún beneficiando al ego), o lo que sería peor, un tipo de
"degeneración positiva" de un estado de psicosis.
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por Alex Polaris de Alverga
7 de marzo de 2012
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